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EL ANÁLISIS SECTARIO DE UN ASUNTO TRASCENDENTE

Publicado el 27 septiembre 2009 por eli

Recientemente se ha debatido en el Parlamento Español una proposición para la reprobación de unas afirmaciones del Papa Benedicto XVI relativas al uso del profiláctico.

En su visita durante el mes de marzo a Camerún, Benedicto XVI dijo que “no se puede resolver el flagelo (del SIDA) con la distribución de profilácticos: al contrario, el riesgo es que se pueda aumentar el problema”.

El asunto evoca algunas teorías mantenidas por la Iglesia en contra de los descubrimientos de la Ciencia a lo largo de la historia; y me interesé por la discusión que ello ocasionaría en el lugar de encuentro de los más capacitados de nuestros representantes, de la que resalto los siguientes argumentos:

Diputado A: recordó que el Papa es “una persona libre” que representa el sentimiento de muchos millones de personas. Acusó al que realizó la proposición de tener un “prejuicio militante y decimonónico” frente a la Iglesia Católica, al tiempo que ha destacado que su iniciativa desprendía un “tufillo dogmático”. También ha señalado la injusticia de criticar la labor de la Iglesia en torno al SIDA sin reconocer el valor primordial de la misma a la hora de paliar la enfermedad.

Diputado B: aseguró que la propuesta pretende “generar titulares mediáticos” y aprovechar estas manifestaciones “para generar una cruzada sobre el papel de la Iglesia Católica”.

Diputado C: dijo no compartir las palabras del Papa, pero considera que la redacción de la iniciativa planteada “no es la más adecuada y está queriendo forzar la cuestión a un terreno más ideológico que el de la lucha contra el SIDA”.

Representante de una organización religiosa: Para nosotros “tratar de interferir por medio de reprobaciones políticas parlamentarias en la guía moral que el Papa ejerce en la Iglesia mediante su Magisterio, contradice seriamente el principio de no intervención y lesiona el derecho de libertad religiosa”.

La argumentación de las respuestas incluye: la libertad de opinión (la cual presenta límites, como cuando dicha afirmación va en contra de la ciencia y puede tener consecuencias fatales para muchas personas), huele a tufillo ideológico (¿la afirmación o la respuesta?), el Papa representa el sentimiento de muchos millones de personas (de ahí la repercusión de su discurso), es injusto criticar la labor de la Iglesia en torno al SIDA (no solo no se critica sino que se intenta destacar que con estas afirmaciones del Papa se ve perjudicada dicha labor), se quiere forzar la cuestión a un terreno más ideológico que el de la lucha contra el SIDA (es que dicha manifestación ideológica influye negativamente en la erradicación de la enfermedad).

Analizando estas respuestas veo que nadie entra a valorar la “EVIDENCIA” de la declaración donde se centra su importancia social y política.

Las palabras del Papa van en contra de los estudios científicos que han demostrado el uso del profiláctico como medida preventiva; y además no aporta tesis ni otro medio que las avalen, anteponiendo su opinión dogmática a un hecho científicamente validado. Por otro lado, lo expresa una persona que tiene una fuerte influencia sobre millones de practicantes de la religión católica y sobre sus representantes, que en muchos casos desarrollan una labor encomiable contra las enfermedades, basada en hallazgos científicos, no en especulaciones ideológicas; y además con el riesgo que representa el abandono del uso del preservativo tras esas manifestaciones.
El abandono de una medida efectiva en la prevención de una enfermedad de tanta prevalencia en África, como es el SIDA, supone un retroceso en su lucha y una contribución futura a la expansión de la enfermedad, y ello debe ser contestado por la comunidad científica y por las sociedades desarrolladas.

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ANTONIO MACHADO Y NÚÑEZ

Publicado el 21 septiembre 2009 por EAguilar

En relación con la sesión de Personajes Sevillanos Ilustres y Olvidados os mando una semblaza de la figura de Antonio Machado y Núñez, sobre el que preparamos la Exposición Darwin en Sevilla en febrero para conmemorar el aniversario del nacimiento de Darwin.
Os adjunto igualmente el enlace de la exposición y las fotos que ISA realizó a la misma.

DARWIN EN SEVILLA: ANTONIO MACHADO Y NÚÑEZ.

La Teoría de la Evolución tuvo un gran impacto en la sociedad de mediados del siglo XIX, pues en esencia ofrecía un nuevo planteamiento de la realidad, mediante el cual el concepto del cambio y de evolución se asentará como la verdad suprema del siglo, no sólo para las Ciencias Naturales, sino también para las Sociales.
Lo importante de On The Origen of Species* consistía en que: “más que un tratado científico, era un gran libro, precisamente por los temas tan diversos que en él se unían y se expresaban. Hacía patente y expresable lo que muchas gentes, desde los científicos hasta los políticos, habían sentido oscuramente que era verdad, aunque sin ser capaces de exponerlo con palabras” (Harris, 1985: 100).
Sus bases científicas chocaban frontalmente con los fundamentos de la religión y por ello fue duramente combatido en toda Europa. Los ataques revistieron especial virulencia en la sociedad española de la época, donde el poder de la Iglesia era casi indiscutible. En el contexto de la fuerte división ideológica que presentaba la España de finales del XIX, esta teoría se convirtió en referente de enfrentamientos más profundos: liberales frente a conservadores y reformadores frente a tradicionalistas. Cualquier momento o cualquier tribuna eran buenos para dejar clara la postura de cada quién, en una controversia donde no cabían posturas intermedias, o se estaba fervientemente a favor o en contra.
Lo peor, no fue sólo el plano acientífico en que se desarrolló la polémica, sino el que se hiciera, las más de las veces, con el desconocimiento directo de las obras de Darwin, pues On The Origen of Species, no se tradujo hasta 1877, lo que suponía un retraso de 18 años respecto a su publicación en Inglaterra, y otros tantos con respecto a su traducción a otros países europeos.

Los darwinistas andaluces
Hasta esos momentos, sólo un muy reducido número de científicos españoles podían hablar con verdadera autoridad de las teorías darwinistas. Entre ellos destacaban las figuras de Augusto González de Linares, en Galicia; Juan Vilanova y Piera en Cataluña; pero, sobre todo, el importante grupo de evolucionistas andaluces, cuyos referentes fueron Rafael García Álvarez, catedrático de enseñanza Secundaria de Granada y especialmente Antonio Machado y Núñez, catedrático de la Universidad de Sevilla desde 1846.
Muy probablemente los primeros ecos de la teoría de Darwin llegaron a Machado a través de sus estrechas relaciones con los centros de investigación europeos, especialmente con Francia y Alemania, que fueron los dos focos desde los que se expandió el darwinismo en España. La influencia de la obra del geólogo Lyell fue determinante en este sentido. De hecho, en 1860 la Revista de los Progresos de las Ciencias, órgano de expresión de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, publicó la traducción de un artículo de Charles Lyell donde éste citaba la edición del trabajo de Darwin sobre el origen de las especies. (F. Pelayo: 2009).
Antonio Machado y Núñez había nacido en 1815 en Cádiz, ciudad donde había cursado medicina en su prestigioso Colegio de Cirugía. Un corto viaje familiar lo llevaría hasta Guatemala, cuyo entorno despertaría su interés por las Ciencias Naturales, y lo impulsaría a completar su formación en Europa, visitando Bélgica, Alemania, y sobre todo Francia, en cuya universidad de La Sorbona y bajo la dirección de los más influyentes científicos del momento, completará sus estudios de Botánica e Historia Natural. A su regreso ocupará en 1946 la cátedra de Zoología y Mineralogía de la Universidad de Sevilla. A partir de esos momentos tendrá un papel destacado en la vida universitaria sevillana, y será precisamente en torno a 1860, cuando comience a explicar a sus alumnos la teoría de Darwin (M. Méndez Bejarano: 1927; D. Núñez: 1977), es decir a tan sólo un año de la publicación de la obra en inglés y muchos años antes de su traducción definitiva al castellano.
Machado y Núñez formaba parte de una élite de intelectuales conectados con las vanguardias europeas, que descollaban sobre la medianía de una universidad española anclada en especulaciones escolásticas, fuertemente apoyadas desde el decadente gobierno de Isabel II, que había condenado con la expulsiones de sus cátedras a quien se apartaba de la ortodoxia reinante. Tal había sucedido con la otra teoría renovadora del momento: el Krausismo, alentado por el filosofo Julián Sanz del Río, muchos de cuyos seguidores habían sufrido su expulsión de la universidad en 1867.

La revolución del 68 como contexto.
El ambiente de libertad y de profunda renovación social que marcaría el estallido de la Revolución de 1868, no por causalidad conocida popularmente como la Gloriosa, será fundamental para explicar la expansión del evolucionismo en España, y desde luego la labor de este grupo de intelectuales, que acogiéndose al nuevo Decreto de Libertad de Enseñanza, van a poder llevar a cabo su labor de renovación de la enseñanza, apostando por el empirismo y el método experimental como base del conocimiento científico.
Éste había sido precisamente el espíritu con que Machado fundó en la Universidad de Sevilla en 1850 el Gabinete de Historia Natural, que convertiría en el centro de sus investigaciones y de la del nutrido grupo de colaboradores que generó en su entorno. Un Gabinete que respondía a la concepción decimonónica de la Historia Natural, compuesto de distintas colecciones de Minerales, Fósiles, materiales Prehistóricos y Herbarios. Su creación constituye el mejor ejemplo del nuevo espíritu de experimentación impulsado por este grupo, y del compromiso académico y social que mantuvieron de por vida.
Fue este compromiso el que llevaría a Machado y Núñez a ocupar el puesto de rector de la Universidad de Sevilla en 1868-1870 y en 1872-1874. A partir de este momento y con la estrecha colaboración de Federico de Castro, catedrático de Metafísica y reconocido krausista, por entonces decano de la Facultad de Letras, diseñaron el ambicioso proyecto de modernización y renovación de la política educativa e investigadora que la Universidad Hispalense. Este proyecto que perduró durante el sexenio revolucionario (1868-1873) se concretaría en la creación de nuevas carreras profesionales, en la introducción de clases prácticas entre los alumnos, en la fundación de distintos laboratorios de ciencias o en la dotación de la Biblioteca de Filosofía y Letras.
Fueron, además de profesionales comprometidos con la política universitaria, activos participantes en la política general de su país, lo que llevaría a Antonio Machado y Núñez, desde su militancia en el Partido de Izquierda Liberal, a ocupar, durante el período de la Revolución, los cargos de alcalde de Sevilla en 1868 y de gobernador civil de la provincia en 1870.

Expansión de la Teoría Evolucionista y la investigación científica.
El nuevo ambiente de Libertad de Prensa propiciado durante todo el sexenio revolucionario fue fundamental para la primera expansión de esta teoría, y ello gracias al nuevo impulso de publicaciones científicas. Uno de los mejores exponentes de cuanto decimos fue la Revista Mensual de Filosofía, Literatura y Ciencias de Sevilla (1869-1874), fundada por Antonio Machado y Núñez y Federico de Castro.
La revista constituyó uno de los baluartes del pensamiento científico y progresista en España, y desde luego en el centro de la labor de investigación y de difusión de la teoría de Darwin, a ella obedece los distintos artículos publicados bajo los títulos “Apuntes sobre la Teoría de Darwin” (Revista Mensual, 1871, III: 461-470), “Darwinismo” (Revista Mensual, 1872, IV: 523-528), y “Teoría de Darwin: Combate por la existencia” (Revista Mensual, 1872: IV, 3-8)*.
Su profundo conocimiento de la Teoría de Darwin tendió a divulgar unos principios de los que muchos opinaban y pocos conocían. Unos principios para los que Machado y Núñez incesantemente reclamó la primacía de la ciencia, único medio para reconstruir el origen y la evolución de la humanidad, desechando cualquier argumentación de la fe:

“Nosotros negamos la intervención sobrenatural de la manera que algunos místicos la presentan: sería absurdo admitirla aun para aquellos hechos de que no podemos dar una explicación plausible, pues la ignorancia de las causas productoras de un fenómeno de ninguna manera debe destruir nuestra razón, que nos dice, está todo sujeto a las leyes más o menos conocidas: a la ciencia pertenece descubrirlas por medio de la observación y la experiencia, y mientras tanto, no deben aceptarse puerilidades inconvenientes”. (A. Machado y Núñez, “Darwinismo”. Revista Mensual, 1872, IV: 523).

No cabe duda que eran afirmaciones características de los nuevos científicos del XIX, orgullosos de mostrarles a las generaciones futuras a explicar el mundo circundante con leyes científicas, racionales, comprobables y deducibles, en base a unos métodos experimentales y principios positivistas, que, replanteando los viejos conceptos, obligaron a elaborar nuevas teorías. El mundo de la ciencia nunca fue ya igual a partir de entonces. Esa fue la principal aportación de nuestros antecesores.
Combinaría Machado y Núñez los trabajos de tipo divulgativo, con los del resultado de sus propias investigaciones en los campos de la Historia Natural, Geología, Paleontología y Prehistoria, fruto de sus excavaciones y excursiones de reconocimiento científico por Andalucía, de ahí sus escritos: “De la Cueva de la Mujer en Alhama” (Revista Mensual, 1871, III: 315-319); 1871d. “Ligera reseña geológica de la Provincia de Huelva”. (Ibidem: 249-262). “Trabajos de Arte y Despojos Humanos hallados en las cavernas de Gibraltar” (Ibidem, 1969, I: 368-372) y “Excursión geológica a Morón y Conil” (Ibidem: 8-9).
Su inicial preocupación por el estudio de su entorno, y su preocupación por su desarrollo, le hará centrar cada vez más sus investigaciones en el marco andaluz. Ya había realizado al inicio de su carrera profesional diversos catálogos de animales de las provincias andaluzas, pero será ahora a partir de 1869 cuando escriba uno de sus trabajos cumbres en este tema, como fue el “Cathalogus Methodicus Mammalium”*.
Como su expresivo nombre indica se trata, de una clasificación de los mamíferos andaluces, comenzando con la descripción de las características correspondientes al “Hombre Andaluz”, para continuar con los siguientes representantes de este género.
Es un trabajo muy característico de la especialización en la Historia Natural de su autor, tendente a definir las especies que habitaban en Andalucía, pero cuyo resultado final, más allá de lo curioso y ocurrente que a primera vista pudiera parecer, constituye el primer acercamiento a la realidad sociológica andaluza, donde, a la par que se señalaban algunas de las especificidades físicas de sus habitantes humanos, se definían algunos de sus particulares rasgos culturales.
Se iniciaba con la definición de los rasgos característicos del hombre andaluz, que utilizando una terminología de corte linneana, quedaba encuadrado dentro del “Homo Sapiens”, “Varieta Caucasica” y Forma Baetica”, y cuya algunas de sus peculiaridades físicas son las siguientes:

“El andaluz, de cuerpo mediano, estatura de 1m. 56 mm., hasta 1m 65mm, temperamento sangüíneo bilioso, habita en las provincias comprendidas en los antiguos reinos de Granada, Jaén, Córdoba y Sevilla. Su cutis es poco encarnado, moreno, ligeramente pálido; los cabellos largos, finos y sedosos son, por lo general, castaños o negros; la cabeza es mediana; el cuello grueso; la cara oval; la barba poblada; los ojos son rasgados y grandes, negros o pardos; las cejas arqueadas; las pestañas largas y sedosas; la nariz recta, algo gruesa en la base y deprimida en la raíz, es muchas veces aguileña, la boca regular, con labios delgados, o abultados ligeramente; las orejas levantadas, medianas; la barba es poco saliente; los pies y las manos son pequeños (A. Machado y Núñez, Cathalogus Methodicus Mammalium, Revista Mensual de Filosofia, Literatura y Ciencia de Sevilla, 1869, T. I: 65)
La descripción que continúa con la caracterización de otras partes del cuerpo, abandona un tanto su tono científico para afirmar párrafos más adelante:
“Las mujeres son seductoras, hay en ellas una mezcla de languidez, de gracia y atractivo inexplicable; sus ojos son insinuantes, apasionados, ardientes y vivos: unas veces pardos, que traslucen el alma, otras veces negros aterciopelados, forman un delicioso contraste con el color nacarado de la esclerótica, que tiene el aspecto de las perlas (Ibidem: 68).
Pero volviendo a las ideas centrales de su exposición, lo que nos parece importante es señalar que si bien esta idea de caracterizar al andaluz como sub-raza específica puede resultar exagerada a nuestros ojos, aunque muy propia de una época en que las clasificaciones y definiciones de los distintos troncos raciales humanos se habían convertido en uno de los temas fundamentales para los científicos. Lo más interesante de su razonamiento, desde nuestro punto de vista, es que se ponen en relaciones estas características definitorias con la existencia de un pueblo, con una historia común, asentado en un marco natural preciso, poseedor de una misma interpretación de la realidad, dotado, en suma, de una cultura con la que se identifica.

La Sociedad Antropológica de Sevilla
Es importante recordar el impacto que la teoría de la Evolución tuvo en el nacimiento de nuevos campos científicos, que desde uno u otro punto de vista venían a aclarar las cuestiones sobre el origen y el desarrollo de la humanidad: la Anatomía Comparada, la Paleontología, la Zoologia, la Lingüistica y Mitología Comparada y desde luego la Antropología.
Esta última era entonces entendida como la rama de la ciencia que se ocupaba de la Historia Natural del Hombre, era una concepción amplia, donde el estudio del hombre se abordaba en su triple esfera constitutiva: física, social y psicológica. En este contexto había nacido La Sociedad Antropológica de París y La Sociedad Antropológica de Londres, a mediados del siglo XIX, la Sociedad Antropológica Española y a este mismo espíritu obedece la creación de La Sociedad Antropológica de Sevilla en 1871. Instituciones que respondían a la intensa preocupación por indagar en el origen y la evolución del hombre y su cultura, en cuyo contexto científico se inserta el nacimiento de disciplinas como la Antropología y la Arqueología Prehistórica.
Para 1873 La Sociedad Antropológica de Sevilla se extinguió. No conocemos las razones exactas, pero tendría algo que ver con los dificultosos tiempos que para las libertades políticas, y por tanto de pensamiento, se avecinaban en España. El sexenio revolucionario estaba tocando a su fin, con un desemboque negativo, en su caída arrastraba al pensamiento político liberal y krausista que lo sustentó. En 1875 con la restauración borbónica, el espíritu conservador volvió a adueñarse de las aulas universitarias y de nuevo numerosos profesores fueron apartados de sus puestos, tal sucedió con Antonio Machado y Núñez, que ese mismo año fue suspendido de su puesto como catedrático en Sevilla.
La nueva situación explica la creación de Ateneo Hispalense en 1879 como último refugio del espíritu de este grupo de intelectuales que activó el clima cultural y científico de la Sevilla de finales del XIX. Es cierto que el fracaso de la Revolución terminó con muchas de las ilusiones primeras del grupo y dejó sentir las divergentes orientaciones de sus componentes, lo que finalmente provocó la ruptura del proyecto y del mismo grupo. Estas desavenencia determinarían la separación de una parte de sus integrantes, que, con Sales y Ferré, a la cabeza fundarían en 1887 el Ateneo y Sociedad de Excursiones de Sevilla.

Tres generaciones de la familia Machado
En 1883 Antonio Machado y Núñez se traslada a la Universidad Central de Madrid, como catedrático de Zoografía de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, donde será nombrado decano. A su nuevo destino lo acompañó toda su familia. Viajaría con él su único hijo, Antonio Machado y Álvarez, que había colaborado estrechamente con su padre durante toda esta etapa, al frente de sus propias investigaciones en el campo del folklore.
Antonio Machado y Álvarez fue el mejor exponente de la colaboración que mantuvieron Machado y Núñez y Federico de Castro en Sevilla, es decir del encuentro entre dos ilustres representantes de las dos teorías que dieron forma a este grupo de intelectuales sevillanos: el evolucionismo y el krausismo.
Antonio Machado y Álvarez fue fiel alumno de ambos maestros, y su obra, tan intensa como la de su padre, fue el resultado de la aplicación del método científico que les inculcaron los primeros (los evolucionistas), al estudio de las ciencias sociales, objeto de trabajo de los segundos (los krausistas). Sobre tales bases inició sus investigaciones en Cultura Popular y Folklore, primero en Andalucía y luego en España. Su auténtica pasión por las creaciones populares, le llevaría a adoptar el sobrenombre de Demófilo, con que firmó sus numerosos artículos y libros.
Machado y Núñez mantuvo durante su etapa en Madrid la misma actividad que lo caracterizó siempre, colaborando en numerosas publicaciones científicas y políticas y especialmente con la Institución Libre de Enseñanza, fundada por Giner de los Ríos y que representó el mejor ejemplo de la renovación educativa y cultural en la que se forjó la generación de científicos, literatos y artistas con la que entramos en el siglo XX.
Por tanto, no fue fruto de la casualidad que en la Institución Libre de Enseñanza estudiaran sus nietos, entre ellos, Manuel y Antonio Machado. Tampoco fue fruto de la casualidad que la talla intelectual y personal de estos poetas se debieran al entorno familiar en el que crecieron.
Uno de ellos, Antonio Machado, años más tarde rememoraba sus recuerdos del Palacio de las Dueñas en Sevilla, allí donde, su padre, uno de los más importantes folkloristas españoles del XIX, ejerció como administrador de la Casa de Alba. En la misma ciudad, en cuyas aulas universitarias, su abuelo, Antonio Machado y Núñez dictaba a sus alumnos las primeras enseñanzas sobre la teoría de Darwin.

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Escuela confesional en un Estado Laico

Publicado el 14 septiembre 2009 por M. José

Os adjunto un enlace relacionado con la dificultad de conseguir que en un Estado laico no haya símbolos confesionales en las Escuelas. No conocía la iniciativa del abogado sevillano para quitarle la “licenciatura” otorgada a la Inmaculada Concepción, pero me alegra que haya llegado hasta el Constitucional. Os emplazo a un pequeño juego ¿ cuántos de vosotros conocéis Alcaldías, patronazgos etc. honoríficos concedidos a vírgenes y santos?

http://www.publico.es/espana/251520/laicos/redoblan/batalla/judicial/crucifijo

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JORNADAS DE CULTURA CIENTÍFICA EN SEVILLA

Publicado el 13 septiembre 2009 por eli

“De interés para los amantes del conocimiento sobre el origen y la evolución del universo y su impacto sobre las teorias científicas”.

Se van a celebrar unas jornadas sobre cultura científica con la participación de excelentes expertos en nuestra ciudad.

Unusual number of centenary celebrations of great men this year (LOC)

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Jornadas sobre cultura científica en la Fundación Cajasol, Sevilla: De Kepler a Darwin, 1609 – 1859: visiones contrapuestas de la naturaleza
1 Oct. 18:00 José Ferreirós (Univ. Sevilla): Johannes Kepler y la Revolución Científica
19:30 Juan Arana (Univ. Sevilla): Kepler y la cuestión religiosa

6 Oct. 18:00 John L. Heilbron (Univ. California at Berkeley & Oxford): Don Quixote among the
Stars: Galileo and his Telescope
19:30 José M. Sánchez Ron (Univ. Autónoma Madrid): La mecánica celeste: de Newton
a Poincaré

8 Oct. 18:00 Javier Ordóñez (Univ. Autónoma Madrid): Grandes debates de la cosmología
19:30 MESA REDONDA: La visión astronómica del mundo físico (J. Ordóñez, Javier
Aracil (Univ. Sevilla), David Galadí-Enríquez (Centro Astronómico Hispano-
Alemán), modera J. Ferreirós)

20 Oct. 18:00 Miguel A. Puig Samper (CSIC): La polémica del darwinismo en España
19:30 Jesús Mosterín (CSIC): La teoría evolutiva y la naturaleza humana

22 Oct. 18:00 Juan Moreno Klemming (CSIC): La polémica sobre el darwinismo hoy
19:30 MESA REDONDA: La visión evolucionista del mundo natural (J. Moreno
Klemming, Javier Aracil, Enrique Cerdá (Univ. Sevilla), modera J. Ferreirós)

Sala Juan de Mairena, Fundación Cajasol, c/ Laraña, 4.
Entrada libre hasta completar aforo.
Organizado por la Fundación Cajasol y el Proyecto de Excelencia de la
Universidad de Sevilla HUM-2594.

https://www.cajasol.es/obrasocialfundacion/

http://institucional.us.es/phum2594/

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Ciencia en tiempos de crisis

Publicado el 12 septiembre 2009 por SChavez

Se lo ha dicho muy claro el científico Joan Guinovart al gobierno, al hilo de los posibles recortes en los presupuestos científicos: “si no quieren conocimiento pueden probar con la ignorancia y la mediocridad”. Aquellos a quienes les preocupa la ciencia en relación con nuestro futuro económico no deben dejar de leer el artículo al respecto publicado por Pere Puigdomenech: pinchar aquí

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