Una de las obligaciones de la política y de la función pública es la ejemplaridad. La acción de gobierno, cuando es irreprochable y defiende el bien común, tiene un importante efecto educativo sobre la vida social. Marca una pauta a seguir. Cuando toma el sentido inverso y se guía por la arbitrariedad, poniendo lo público al servicio de intereses personales, crea el efecto contrario: maleduca. Por desgracia, eso es lo que sucede en la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. La periodista Teresa López Pavón, de ‘El Mundo’, ha desvelado, con profusión de datos, cómo se ha enchufado a la hija del inspector jefe de la Delegación Provincial de Educación de la Junta en Sevilla. Se la contrata sin haber solicitado ninguna plaza ni formar parte de ninguna bolsa de empleo. Ni cumplir con los requisitos de curriculum que se estipulan para el empleo que se le otorga.

Al conocerse públicamente este episodio, la consejera de Educación de la Junta de Andalucía, Adelaida de la Calle, prometió una investigación interna. Ya ha trascendido que se ha ordenado un inusualmente abultado volumen de destituciones de docentes adscritos a los servicios centrales de la Delegación Provincial de Educación. Muchos de ellos son los que habían advertido internamente que se estaban cometiendo irregularidades en el reparto de puestos de trabajo.

Por lo tanto, la primera y más urgente reforma educativa es transformar, en las formas y en el fondo, cómo se gestiona la Administración Educativa. Para más referencias, ver estas informaciones publicadas por Teresa López Pavón en ‘El Mundo’, “Así se amaña un puesto a dedo en la enseñanza pública andaluza” y “Purga en la Consejería de Educación tras el escándalo de las plazas repartidas ‘a dedo’“.

En la imagen superior, la Delegación Provincial de Educación en Sevilla.