Por José García-Tapial y León, arquitecto.

Acabo de leer con sorpresa y estupor su propuesta de convertir el Convento de Santa Clara en el lugar de ensayo de la bandas de músicas procesionales y en taller de reparación de sus instrumentos. Con todo el respeto para esta actividad y sus profesionales, ¿esto es lo mejor que se le ocurre a un candidato a alcalde para este conjunto edificatorio monumental? No creo que la haya formulado después de conocerlo (conocerlo no es sólo visitarlo), pero si lo ha hecho tras estar en él, aún sería peor, por lo que ello revelaría de su sensibilidad (o de sus asesores) sobre los temas patrimoniales. No quiero pensar que, esta forma de decidir, sea un avance de la de gobernar. No entra a detallar si, para lograr el adecuado aislamiento acústico, se van a ocultar los artesonados o cubrir las pinturas murales con paneles aislantes, o si el Refectorio cubierto por azulejerías renacentistas es el lugar adecuado para ese taller de reparaciones. Permítame aportarle algunos datos sobre el edificio, para mejor fundamentar cualquier decisión que, en un futuro, tal vez tuviera que adoptar sobre él.

Erigido sobre un primitivo palacio almohade, del que aún permanecen numerosos restos en muros y subsuelo, el Infante Don Fadrique levantó su Palacio que se constituyó en la primera muestra de arquitectura civil cristiana en Sevilla. De él no solamente se conserva la Torre en los jardines, sino la mayor parte del Palacio, embebida entre las construcciones monacales: tres de los cuatro muros que rodean el claustro formaban parte del mismo, como se ha demostrado no sólo por las investigaciones arqueológicas realizadas, sino porque son visibles sus ajimeces, las bandas de epigrafía gótica, los cegados vanos tetralobulados, las yeserías de ataurique, los arcos ojivales semiocultos por cerramientos posteriores, etc. La torre principal del palacio, que presidía este primitivo patio mudéjar, aún se conserva en pié, cegadas sus ventanas y dividida su altura total por un forjadillo muy posterior y, bajo numerosas capas de cal, se reconocen las sucesivas pinturas murales: epigrafías góticas, decoraciones renacentistas, imágenes barrocas y aportaciones decimonónicas. En la primitiva iglesia medieval, luego Sala de Profundis, son reconocibles las, posiblemente, más importantes pinturas murales del Quatroccento existentes en Andalucía, aunque aún sin recuperar y restaurar. Por no citar las ya rehabilitadas de la Galería Alta y antigua Ropería, de distintas épocas. El Convento no sólo es un “contenedor” idóneo para un museo de la ciudad sino que es, él mismo una ciudad, con sus calles, adarves y plazas, así como es también su historia misma, islámica, medieval, renacentista, barroca, etc. En fin, no quiero aburrirle con más descripciones ni divagaciones históricoartísticas porque ignoro su grado de interés por estos temas. Pero, si no fuera así, me ofrezco a remitirle las publicaciones que el Colegio de Aparejadores patrocinó sobre este monumento y, por supuesto a acompañarlo para mostrárselo en directo.