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Los selectos dueños del patrimonio de todos

Publicado el 06 Septiembre 2007 por Silvestre

Pues si, hay un patrimonio que se dice cultural y público pero que no lo es tanto, ya que unos pocos actúan como si fueran su verdaderos dueños y guardianes de su destino.

Entre ellos un ramillete de opositores a la plaza de cronista local, seguros todos ellos de ser la morada del alma de la ciudad, alma siempre eterna e inalterable. Y con tamaño huésped dentro de si mismos puede uno comprender que hablen y actúen tal como lo hacen, como si estuvieran tocados por una mano del mas allá.

Estos que gustan hablar ex cátedra sobre cuestiones patrimoniales, y urbanísticas en definitiva, casi nunca aparecieron para hablar en contra de la invasión de los coches, que poco le faltó para llegar en los años setenta hasta el mismo altar mayor de la catedral.

Pero hay que ver cómo les molesta que bicicletas o tranvías ganen terreno a coches y autobuses. Oyendo o leyendo a algunos de ellos parece que fuéramos los ciclistas los culpables de todos los males del centro.

Pero después están los gestores, los burócratas de tal o cual comisión del patrimonio, que deciden lo que es bueno y lo que no para el patrimonio de todos. En este tipo de instancias se procura contentar a aquellos iluminados, siempre y cuando otros intereses superiores no lo impidan. Así que lo que no esté en uno u otro campo, el de los cruzados o el de los políticos de turno, lo tiene claro.

Aquí tenemos un ejemplo más entre tantos que pueden sacarse a colación: la estación de Sevici de la Plaza del Triunfo. Se instaló con toda normalidad y discreción, pero (zas!) se inició el ritual del rasgamiento de vestiduras en los medios locales, sobre todo en el ABC que con entusiasmo lo añadió a su ya larga lista de despropósitos patrimonialistas.

La comisión provincial ve aquí motivo para ceder y demostrar su celo protector. El ABC ya tiene el titular: “Cultura retira las bicicletas pero no las catenarias”. Empate técnico, todos contentos.

Y yo me pregunto ¿por qué soportar este teatro hipócrita? ¿quién paga el peaje de los iluminados patrimonialistas? Quitar la estación de las bicicletas y ponerla en otro sitio tiene su coste, pero además ¿por qué hay que quitarla? ¿quién dice que está mal donde está?

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También somos conservadores

Publicado el 14 Julio 2007 por eli

Existe en el núcleo urbano de Sevilla un lugar, desconocido por muchos, que nos transporta a principios del siglo XX, a un escenario propio de las novelas de Dickens, en el que apreciamos en su verdadera medida el gran cambio técnico que ha experimentado el mundo industrial en un corto periodo de tiempo.

Estamos unidos a él, aunque muchos no lo sepamos, gracias a esas cristalerías, posiblemente regalos de bodas, que nuestras madres o abuelas guardaban celosamente en vetustas vitrinas, sólo sacadas a relucir en las grandes ocasiones, y que hoy forman parte de nuestra herencia material y sentimental.

Este lugar es la fábrica de vidrios “La Trinidad”, que forma parte del patrimonio industrial, arquitectónico y cultural de Sevilla, y que, lamentablemente, se encuentra en peligro. Diversos colectivos ciudadanos están desarrollando iniciativas para conservarlo, mostrarlo a la ciudadanía y fomentar actividades relacionadas con su producción industrial y artesanal (esperemos que esta trama ciudadana se convierta en una nueva forma de articulación de la ciudad).

Pienso que en el dilema tradición-innovación que ha marcado el germen de ISA nos debemos decantar por conservar lo valioso de nuestro patrimonio e impulsar su modernidad que no es otra cosa que conocerlo, valorarlo y rentabilizarlo tanto económica como culturalmente. Por ello propongo que ISA muestre su apoyo a esta otra iniciativa ciudadana.

http://www.salvemoslafabricadevidrios.org/manifiesto.pdf

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Noménclator surreal

Publicado el 27 Junio 2007 por sawa

Parece una chorrada pero no lo es. En esta ciudad con tanto arte parece que los autóctonos e incluso los forasteros deben tener un sexto sentido para poder orientarse por sus intrincados callejones: rótulos con letras caídas, otras veces duplicados; placas de calles sin ningún tipo de normalización; casas sin numerar a mansalva; rótulos sólo situados, con suerte,al comienzo de la vía…
Eso en cuanto a la forma, pero, ¡ay!, en cuanto al fondo del asunto… La época de Becerril fue nefasta al respecto. Se entregó la potestad de poner nombres a las calles a las Juntas de Distrito, y aquello convirtió al callejero de la ciudad en el “pograma” de la Semana Santa. Nombres tan bonitos como “Varflora” fueron sustituidos por “Real de la Carreteria”, el puente de Chapina se convirtió de la noche a la mañana en el Puente del Cachorro. Y se llegó a rizar el rizo poniéndole a la calle Lerena, allá por la collación de San Martín, el nombre de la advocación mariana más kitsch que figura en el Guiness: “Divina Enfermera”.
Pero bueno, llegó el gobierno de progreso y muchos esperábamos corregir los yerros denunciados más arriba,al menos los relativos al apartado de la forma, pues los del fondo quizá tengan más difícil solución. Pues, nada. Todo sigue igual.

Y mientras tanto se abren cantidad de nuevas calles y avenidas a las que se sigue poniendo el nombre de toreros, folclóricas, santos o sres. desconocidos.
La calle Emilio Lledó, la avenida de Antonio Machado, la plaza de Luis Cernuda, el paseo Luis Gordillo deben pertenecer a una Sevilla tan fantasmal e irrecuperable como la de Ocnos.

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