En los días previos y posteriores al Rocío, a Sevilla se le pone cara de estreñida, con sus orificios obstruidos por carretas, simpecados y romeros, y miles y miles de coches atrapados en los atascos que esa devoción tan edificante provoca. Mientras esperaba en uno de ellos, escuché en la radio del coche que no sé cuántas hermandades llevan este año GPS. Según dijo el locutor, la iniciativa es cosa de la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, y nos permitirá saber por dónde va cada simpecado y mejorar el tiempo de respuesta en caso de incidencia. Aunque ese día perdí el avión, me tranquilizó mucho saber que las nuevas tecnologías hacen más seguro el camino de los romeros hasta la Blanca Paloma. Ya sólo queda que le apliquen esos días a Sevilla un régimen de ciruelas, pan de higo y pipas de girasol para hacer el tránsito de hermandades y tráfico menos doloroso y más fluido.








