Los Jardines del Valle, situados entre las calles María Auxiliadora y Sol, son un parque público, que incluye un amplio lienzo de la muralla almohade, y que, a ojos de muchos, parece un espacio público ‘de toda la vida’. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Estos jardines estuvieron incluso a punto de ser transformados en un solar para la construcción de bloques de viviendas, algo que se evitó gracias a la reivindicación ciudadana.

Para celebrar este hecho, del que ahora se cumple el cuarenta aniversario, se celebró el pasado día 13, dentro de la programación del certamen Jane’s Walk Sevilla, un acto en los mismos Jardines que conmemoraba cómo se consiguió que las zonas verdes del antiguo colegio del Valle fueran convertidas en parque.

En este acto, del que se puede ampliar información en este enlace intervinieron, entre otras personas, Francisco Oñate, actual coordinador de la Red Sevilla por el Clima, y uno de los jóvenes ecologistas que hace 40 años activó la movilización en Sevilla con el fin de evitar que se consumara el acuerdo entre las religiosas del Sagrado Corazón y la inmobiliaria del Banco de Granada para construir ahí bloques de pisos.

Tal y como se puede ver en la imagen que acompaña, en una reunión celebrada en el Ayuntamiento de Sevilla el 20 de enero de 1978, con José Ramón Pérez de Lama, -último alcalde de Sevilla no elegido mediante procedimientos constitucionales-, se congregaron los representantes de la comisión de ecologistas, asociaciones culturales y partidos políticos para pedirle la paralización del proyecto. De izquierda a derecha, son Francisco Oñate (GEAS: Grupo Ecologista Autónomo de Sevilla), Ramón Iglesias (PTE), Javier Queraltó (PSOE), Guillermo Gutiérrez  (PSOE), Juan Carlos Crespo (Gerión), Carlos Gómez Camacho (GEAS), José Ramón Pérez de Lama (alcalde) y Herminio Martínez (Andalus).

Según apunta la periodista Ana Sánchez Ameneiro en esta información publicada hace cinco años en Diario de Sevilla, con el título La ‘osadía’ que salvó los Jardines del Valle, estos ciudadanos, que querían tomar fotografías para demostrar el valor ecológico del lugar, “acabaron rodeados por grises que los apuntaban con escopetas de goma, detenidos e interrogados durante horas en la comisaría de la ronda histórica, acusados de “asalto a la propiedad”. Les requisaron los carretes de una de sus dos cámaras”. Sus imágenes, sin embargo, consiguieron salir a la luz y calaron en la sociedad haciendo “reaccionar a las autoridades municipales”, que acabaron denegando la concesión de la licencia de obras.