La cantidad y la gravedad de los casos de corrupción en las instituciones públicas por toda España, también en Andalucía, es de tal magnitud que han de analizarse las causas de por qué hemos llegado a esta situación.

Ahora que se conmemoran los 25 años de la Expo’92, es muy pertinente leer el análisis que el periodista Pepe Fernández publica en El Confidencial Andaluz bajo el título ‘De cuando solo se robaba en Andalucía’ (leer aquí). Sin caer en la autocomplacencia y siendo conscientes de que un evento como aquél aportó muchos logros a Sevilla, Fernández señala, sin embargo, cómo favoreció también el apogeo del clientelismo. Entre otras cuestiones porque “difícilmente se hubiese inaugurado el 20 de abril del 92 la Expo de Sevilla si los procedimientos administrativos se hubiesen realizado ajustados a lo que marcaba la Ley de Contratos y otras normas derivadas. Algo que, evidentemente, permitió que prácticas corruptas e ilegales se convirtieran en moneda bastante común en la Isla de la Cartuja conforme avanzaban los meses implacables hacia el 92”, apunta.

Pero, al mismo tiempo, conviene recordar que hace 25 años desde los estamentos mediáticos de Madrid y Barcelona se esparció continuamente el mensaje de que Andalucía era la tierra de la ‘cultura del pelotazo’. Cuando, en realidad, el ‘capitalismo de amiguetes’ es mucho más genuino, y de mucha más envergadura, en Madrid, Barcelona, Valencia… “En esos años, arranque de la última década del siglo XX, Andalucía se convirtió, desde el punto de vista mediático y político, en el único lugar de España donde parecía que se robaba dinero público”, escribe el director de El Confidencial Andaluz, pese a que  “muchos años después el caso Pujol en pleno esplendor, misales de por medio, hemos ido conociendo que las corrupciones andaluzas de los 90 han sido ampliamente sobrepasadas en cantidad y calidad”.

Foto: Legado Expo Sevilla