En el arranque del curso educativo, muy poca atención se le dedica desde la sociedad y desde las instituciones a una asignatura pendiente que lastra nuestro desarrollo: la insuficiente oferta de plazas en Formación Profesional. Aumenta, pero muy por debajo de la creciente demanda por parte de los jóvenes, y también está muy lejos de resolver la necesidad de especialistas y de cualificación que en muchos ámbitos productivos se demanda por parte de las empresas. Es un círculo vicioso que soportamos estoicamente: el sistema educativo no está organizado ni proporcionado a lo que se requiere desde los puntos de vista empresarial, profesional y laboral.

Para el conjunto de Andalucía, el Gobierno autonómico anuncia que en este curso 2018-2019 se han creado 1.430 plazas más para FP, con 58 módulos más de ciclo formativo. Y un incremento del 23 por ciento en la oferta de programas de Formación Profesional Dual, con aprendizaje tanto en aulas como en el seno de empresas que colaboran. Un modelo que en Alemania funciona a la perfección y es una de las claves de la prosperidad germana, basada en los sectores industriales y tecnológicos que aportan más valor añadido. Hoy en día son 395 los módulos de FP Dual que se hacen en Andalucía, de los que 13 son nuevos.

Pero ese ritmo de crecimiento está muy por detrás de lo que se necesita para lograr el cambio del modelo educativo y del modelo productivo. Según los datos que el Gobierno andaluz ha facilitado en el Parlamento autonómico a petición de partidos de la oposición como el PP, en el curso 2017-2018 fueron desestimadas 8.596 solicitudes para entrar en ciclos formativos impartidos en  los centros de FP de Sevilla y provincia. No es un hecho aislado, sucede todos los años. Por ejemplo, en el curso 2013-2014 no tuvieron plaza 9.443 estudiantes, y en el curso 2014-2015 no fue admitida la petición de 8.771 estudiantes.

El desequilibrio entre oferta y demanda es un problema nacional. Y donde más se sufre es en las regiones con más paro estructural, como Andalucía. Cada vez es mayor la necesidad de trabajadores con perfiles técnicos, que no requieren estudios universitarios, pero en España todavía la clase política sigue encabezando la obsesión social por la titulitis universitaria. Los estudios tanto de la Comisión Europea como de fundaciones privadas señalan que el 50% de los puestos de trabajo requieren a profesionales con una cualificación intermedia, mientras que el 35% necesita una formación universitaria.

Para tener más referencias sobre todas las vertientes de esta anomalía política, social y educativa, recomendamos ver las claves que, de modo sencillo, se exponen en este informe elaborado por la Fundación Mapfre, la Fundación Atresmedia y el IESE, titulado “Reflexiones sobre la Formación Profesional de Grado Medio y Superior en España’.