El periodista y escritor Juan Miguel Vega entrevista en El Mundo Andalucía al Defensor del Ciudadano, José Barranca, quien desvela comportamientos y prácticas en la acción de gobierno municipal en Sevilla que van en contra de lo que se promete y propaga en aspectos vitales como la transparencia, la autocrítica o contar con la voz del ciudadano. Por lo relevante de estas declaraciones, recuperamos la entrevista a continuación:

En diciembre presentaba su último informe como presidente de la Comisión Especial de Sugerencias y Reclamaciones del Ayuntamiento de Sevilla; nombre oficial del cargo conocido como Defensor del Ciudadano. Lo hizo con casi un año de retraso por causas que a continuación explica. Militar en la reserva desde 1996, el comandante José Barranca López (Sevilla, 1954) se dedica desde entonces a la enseñanza. Su condición de militar suscitó muchos recelos, a pesar de haber sido uno de los promotores del asociacionismo en el ejército. Políticamente independiente, aunque futbolísticamente sea más bético que el escudo, su activismo como ciudadano hizo que Zoido se fijase en él para el cargo, aunque luego dejó de mirarlo. También aquí lo cuenta. Hombre impetuoso, se ha tomado tan en serio su labor que le ha costado un infarto.

Su última memoria corresponde a 2014. ¿Por qué ha tardado casi un año en presentarla? Se lo voy a decir por derecho. Porque la secuestró el señor Landa (ex primer teniente de alcalde) y la metió en un cajón. Gracias a las gestiones del nuevo alcalde ante mi insistencia, se logró rescatar. Por eso, en vez de presentarla en la primavera de 2015 se presentó en Navidad. Cosa inaudita.

¿Qué motivo podía tener Javier Landa para hacer eso? Ya en la memoria de 2013 hubo un conato de alterar la realidad; conato de censura al que yo me negué frontalmente. No contento con aquello, el señor Landa decidió, ya que no iba a poder censurarla, meterla en un cajón. En el Ejército eso no habría podido pasar. Si alguien oculta intencionadamente un expediente, se toman medidas contra él.

¿Zoido lo sabía? No lo sé porque se cortaron todas las relaciones. Yo se la entregué al señor alcalde en el pleno del 27 de febrero. Al cabo de un mes y medio comencé a pedir información sobre el paradero de la memoria, del pleno donde debía presentarse y de los cien ejemplares de la misma que debían hacerse en la imprenta municipal. Me dirigí al alcalde y no tuve contestación. Ni de él, ni de su gabinete ni por supuesto del señor Landa, al que también me dirigí. Todo se lo hice saber al nuevo alcalde y en cuarenta y ocho horas apareció la memoria. A raíz de ello le pedí que me permitiera presentarla, cosa a la que se comprometió, cumplió y por ello le estoy muy agradecido.

¿Qué había en esa memoria que se quisiera ocultar? Los problemas diarios: la Policía Local, el taxi, ruidos en los bares, el cementerio, la zona azul… aunque también ha estado el problema de la vivienda, porque ha venido mucha gente que no tenía donde vivir. Me resultaba muy doloroso, pero no podía hacer más que dar traslado a la instancia oportuna, aunque creo que no se le dio una solución buena.

¿Pero qué trataron en concreto de censurarle? Si se refiere a la vez aquella, lo que más me extrañó fue que Landa me hablara de las cacas de perro. Le tuve que decir: ¿tú qué vienes al Ayuntamiento, andando o en coche? También me dijo que eso de que el cementerio y los alrededores del tanatorio estuvieran llenos de gorrillas y en estado impresentable era una impresión mía. La cosa llegó al extremo de que al final le pregunté si le había gustado algo de la memoria y me dijo que no se la había leído.

Sus denuncias sobre el sindicato de la Policía Local también han armado mucho revuelo. Yo me he visto en la obligación de sacarlo a la luz pública, porque me parecía una injusticia lo que se estaba haciendo con el grupo de asuntos internos que investiga las irregularidades en el cuerpo. Desde el PP me dijeron que no me metiera en eso, pero es que no eran sólo denuncias de ciudadanos que se quejan del trato de los policías, es que me habían venido policías a contarme lo que pasa dentro. El sindicato va a su aire, le da igual el color y el signo político. Le hacen la guerra a todos, salvo que cedan a sus peticiones de índole económica.

¿No es paradójico que arme más escándalo el hecho de denunciar algo que lo que se denuncia? La sensación es que somos muy cobardes. Un coronel me dijo una vez que en la vida hay que dar testimonio de lo que uno es. Yo he querido ser lo más honrado posible en mi trabajo y si el sindicato no está a la altura, tengo que decirlo. ¿Eso quiere decir que se van a querellar contra mí? Muy bien, adelante, que lo hagan. Conste que mi opinión está basada en el testimonio de muchos policías que están hasta las narices, prueba de ello es que se ha creado otro sindicato. Yo no tengo nada contra la Policía Local, pero que pregunten a los ciudadanos. La gente no está para nada satisfecha.

¿Cómo está el Ayuntamiento por dentro? Hay mucha gente que no cumple con su obligación. Tenemos un número enorme de funcionarios y muchos no funcionan. En el pleno expuse el caso de un señor que pidió a Estadística la documentación para empadronarse, han pasado 8 meses y no le han contestado. O el del señor que en agosto se quejaba de que el aire acondicionado de la biblioteca Alberto Lista no funcionaba y en febrero aún no le habían contestado.

¿Qué le ha reportado esta experiencia en lo personal? Muchas satisfacciones. La gente es muy agradecida si le das un poco de calor, si la escuchas y atiendes con respeto; y se han hecho cosas. El artículo 10 da al Defensor la posibilidad de actuar de oficio, cosa que he hecho mucho, y me recriminaban, pero ha servido. Al final muy mal porque casi me cuesta la vida. En junio me dio un infarto y me pusieron un muelle. Siempre digo que mi muelle es del PP.

¿Tanta ha sido su frustración? Total. A mí me han fallado las personas. Ha sido un gran desengaño. Cuando uno pone su confianza en gente, acude a ella y no lo atienden… es que lo mismo que le hacen a los ciudadanos me lo han hecho a mí. Mi frustración llegó a tal grado que me provocó el infarto. El médico se lo atribuyó al estrés.

¿Qué tiene que ver el Zoido que venía en campaña por su barrio con el alcalde que usted acabó conociendo? Absolutamente nada. No comprendo cómo tras entregarle la memoria en febrero, no pude volver a verlo hasta diciembre, cuando ya no era alcalde. Y no será porque no lo intenté. Entre una vez y la otra, pasaron diez meses y, en medio, mi accidente vascular, en el que tampoco tuve noticias de él. Si lo veo lo saludaré, pero me ha defraudado.

Supongo que usted tendrá una explicación para los ocho concejales que perdió. Un político local no puede estar en un despacho, sino gastando zapatos y en contacto con los ciudadanos. Creo que sus dos años de presidente del PP en Andalucía fue un error tremendo. La ciudad estuvo dos años sin gobernar y en los dos siguientes ya no había tiempo.

¿Ha sido una oportunidad perdida? Sí, evidentemente. Porque veinte concejales no va a volver a tener ningún partido nunca más.

¿Tiene la sensación de que con el actual alcalde habría tenido más libertad? Los políticos al final son políticos, pero creo que me hubiera llevado bien con Espadas. De todos modos, ni me van a proponer ni yo hubiera aceptado. Me he quitado una mochila y necesito un descanso.

Ahora se busca a su sustituto. ¿A quién recomendaría? A alguien que sea independiente y esté dispuesto a partirse la cara por Sevilla.

En la imagen superior, José Barranca.