Desde la ciencia, la investigación y la innovación, y aplicando esos conocimientos al tiempo que se difunden para compartirlos con toda la sociedad, también ha de articularse la estrategia para evitar que algunos jóvenes sean receptivos a las tentativas de captarlos para organizaciones violentas como el terrorismo yihadista. Las sociedades avanzadas se organizan a partir de la ciencia y no de los estereotipos. Por eso, desde la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta, animamos a conocer y aprovechar los estudios y propuestas sobre este tema que llevan a cabo conjuntamente desde hace una década dos investigadores de universidades andaluzas: Manuel Moyano, de la Universidad de Córdoba, y Humberto Manuel Trujillo, de la Universidad de Granada.

Ambos están configurando un instrumento de evaluación sobre los factores psicosociales que contribuyen a la radicalización islamista de jóvenes en España. Al mismo se puede acceder a través de la plataforma www.researchgate.net, dentro de su ‘Propuesta de un modelo sobre riesgo de reclutamiento de yihadistas’ (enlace directo pinchando aquí)

En él explican las ‘Fases del reclutamiento para la movilización violenta de yihadistas’ en el que señalan que “el proceso de reclutamiento de un individuo para la yihad pasa por mucho más que su mera captación, siendo necesario para que éste tenga lugar que dicho individuo transite por las fases manipulativas siguientes, incluida la captación:

  1. Identificación del individuo en contextos críticos.
  2. Captación del individuo en desequilibrio anímico (primer acercamiento).
  3. Adoctrinamiento.
  4. Desinhibición violenta (legitimación de la violencia).
  5. Adiestramiento para la ejecución de acciones violentas”.

Asimismo, apuntan los “estados psicológicos que favorecen la crisis personal y la afectación psicológica”, tales como:

  • Debilitamiento físico-anímico (sugestionable).
  • Percepción de humillación-opresión constante: pérdida de autoestima y aislamiento social (persuadible).
  • Confusión entre la realidad y la fantasía.
  • Balanceo entre la preocupación-miedo y la esperanza. La persona percibe que su vida carece de sentido y no puede hacer nada para evitarlo (indefensión aprendida y pérdida de autonomía psicológica)
  • Resultado: Debilidad, desasosiego y dependencia (colaboracionismo con los reclutadores)”.

En su modelo, definen estas “Variables que disminuyen el riesgo de reclutamiento” y “Aumentan la resistencia (robustez psicológica) a la captación, al adoctrinamiento y a la desinhibición violenta”.

  • Autoeficacia y autoestima (confianza personal).
  • Controlabilidad personal en distintos contextos.
  • Coherencia personal (relación de equivalencia entre pensar, decir y hacer).
  • Aceptación de los problemas y compromiso para resolverlos.
  • Inteligencia cultural (metacognición, cognición, motivación, conducta).
  • Habilidades sociales.
  • Locus de control interno.
  • Resistencia al sufrimiento.
  • Tolerancia a la incertidumbre.
  • Tolerancia a la frustración.
  • Bienestar emocional (tranquilidad, certeza, vigor, entusiasmo).
  • Autonomía psicológica

Sobre esta cuestión, también es conveniente conocer su estudio ‘Intención de activismo y radicalismo de jóvenes musulmanes y cristianos residentes en un barrio marginal de una ciudad española’. Un trabajo realizado en un barrio de Almería que pueden leer íntegro aquí.

En su introducción, hacen estas consideraciones: “Como es bien sabido, la adolescencia y la juventud pueden hacer más vulnerables a las personas a ciertos señuelos para la captación y el reclutamiento por manipuladores oportunistas, y por tanto, a la vinculación a sectas coercitivas, colectivos violentos y otros grupos de manipulación psicológica. Recientes estudios parecen demostrar que variables tales como la pobreza, la marginalidad, las desigualdades económicas, y la escasa o nula integración política y social no son factores del todo suficientes como para poder explicar totalmente este fenómeno. Desde un segundo nivel de estudio, la aproximación clínicopsicológica, la mayoría de las investigaciones se han centrado en detectar estados de demencia o psicopatía que puedan explicar comportamientos tan anormales como, por ejemplo, los del terrorista suicida”.