Le comento a un amigo vinculado a la derecha militante que la peatonalización de la avenida es un gran acierto y se molesta conmigo por “defender a Monteseirín”. Menciono delante de una colaboradora del alcalde que el tranvía llamado deseo de ganar las elecciones es un capricho caro que no va a ninguna parte y me acusa de “caer en el juego de la derecha antidemocrática”. Le discuto a un taxista que el sistema de licencias cerradas es un privilegio que le impide al ciudadano los beneficios de la libre competencia y casi me echa del taxi “por facha”. Defiendo ante un capillita de pro la formación escolar en ciudadanía y me encuadra en la inmoralidad. Le comento a un bético que a Sevilla le daría cohesión social tener un solo equipo de futbol y me viste de blanco y rojo.
Me estoy cansando de ser encuadrado y me pregunto si no nos sentaría bien desactivar los mecanismos automáticos de estereotipado.
Pensar libremente no cuesta dinero, que yo sepa.
¿Que cansa? Será eso, entonces…