Cañizares, solista segundo de la orquesta episcopal española, ha condenado las “expectativas infundadas” que sembró como científico el ahora ministro Bernat Soria sobre las células madre y sus aplicaciones terapéuticas.
¿Se habrá dado cuenta el tal Cañizares que la Iglesia católica lleva dos mil años (que ya son años) viviendo de la sopa boba del más allá? ¿Es fundada la expectativa de la gloria eterna que prometen a su grey? ¿Y la de los fuegos y dolores del infierno que nos tienen reservados a los demás? Y las expectativas de esos no sé cuántos miles de desesperados que cada año van a Fátima o a Lourdes a solicitar milagros, ¿serán fundadas o infundadas?
Este Cañizares es cardenal de la Iglesia católica, un comité de cuyos lumbreras tiempo ha condenaron a Galileo por sembrar expectativas infundadas sobre el movimiento de la tierra que, mira tú por donde, se mueve. Y a Cañizares se le nota que es alguien en el clan católico: basta verlo vestido con el traje de paseo y acompañado de esa cohorte de mozos rollizos a los que tan bien les sienta el color fucsia y los encajes. Ante semejante espectáculo de poderío ritual, ante esa capa bordada en oro y esos organdíes con encajes de seda, ¿quién va a pensar que las expectativas del cielo son infundadas? Tan sobrado de fundamentos va Cañizares que para convencer no le hacen falta ni el báculo y ni el gorro.