Juan José Acedo se hace eco del siguiente artículo de Fernando Santiago, publicado en El País:

Artículo de sátira (y realidad) sobre el Rocío y la caspa que nos persigue. Saludos

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FERNANDO SANTIAGO

Innovación casposa

EL PAÍS 01/06/2009

Con la primavera Andalucía se llena de caspa. La pringue lo recorre todo. El folklorismo autocomplaciente, el sudor, la arena, la cochambre, el casticismo y el tipismo. Es cuando los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos y nos vestimos igual con un traje campero, uno de luces, de penitente o de flamenca, que tanto da. Le ofrecemos espectáculo a España para que venga el presidente del Gobierno a decir que Andalucía será la cuna de la innovación, del I+D, de las nuevas tecnologías, de las energías renovables y la sostenibilidad. Mientras Zapatero y Griñán se esmeran en traer la modernidad, nosotros vamos por la senda del albero, el polvo del camino, tardes de toros, Semana Santa y romerías. Parece como si las dos almas españolas se dieran cita en nuestra tierra, una armada de un ordenador y otra con unos botos de Valverde del Camino. Como los afrancesados y los tradicionalistas, la ilustración y el casticismo. La España de siempre pero a golpe de telediario y pagada con dinero público. Es complicado cambiar una tierra que parece más interesada en vírgenes, romerías, casetas de feria, incienso y pasodobles bajo el ardiente sol meridional. Estoy loco porque llegue el calor del verano para poner fin a tanta tradición, para que la televisión deje de darnos la tabarra con el arte que tiene esta tierra, con los anónimos ciudadanos que se bañan en el Quema (“una cuarta de agua, un océano de fe”) o peregrinan devotos bajo la atenta mirada de 6.000 funcionarios. Han leído ustedes bien, 6.000 personas entre guardias civiles, policías, personal de Protección Civil, de sanidad y bomberos cuidan estos días de un grupo de andaluces que por lo visto van a rezar a una virgen junto al Coto de Doñana. Una riada de dinero público para que estos respetables ciudadanos desarrollen su fe religiosa bajo el cuidado de miles de empleados públicos que velan por ellos. Es complicado hablar de modernidad con las ciudades colapsadas de tráfico por la salida de las carretas, ya que parecer ser mucho más devoto que todos los ciudadanos oigamos la flauta y el tamboril y veamos a mujeres vestidas con el ancestral traje de flamenca y a los hombres de corto. ¿No se podrían ir directamente a la ermita y nos ahorramos molestias y dinero? Una Reserva de la Biosfera se ve en riesgo durante una semana porque, al parecer, la Virgen del Rocío agradece más a sus peregrinos que pasen por las dunas del Coto. Toneladas de basura, fogatas, desperdicios, riesgo de incendios, peligro en suma para un ecosistema único porque las hermandades piensan que es mejor para la Virgen el peregrinaje por el interior del Coto. Ninguna autoridad del medio ambiente, tan celosa en otros momentos y otros lugares, ha dicho nada. ¿Cómo saben los romeros que la Virgen prefiere los caminos del Coto? ¿Se lo ha expresado a algún vidente? El uso de potentes todoterrenos, ¿es alguna exigencia divina o es alguna comodidad humana? La utilización de bueyes y caballos para tan largo viaje no se sabe también si forma parte de la tradición, es exigencia de la fe o forma parte de una ofrenda a la Divina Providencia pero cada año mueren decenas de animales en el camino. ¿No dijo San Francisco de Asís que los animales también son criaturas de Dios? ¿El hermano buey, el hermano caballo y la hermana mula no merecen el respeto de tan fervorosos creyentes en la Blanca Paloma? Por último y no menos importante, siempre se ha puesto el Rocío como ejemplo de desborde de la sensualidad en las noches del mayo andaluz, ¿será esa la banalización del sexo de la que hablaba el redactor jefe de Alfa y Omega, la revista del Arzobispado madrileño? Es posible que los peregrinos intercedan por tan eximio católico ante la Señora de las Marismas para que no vuelva a promover la violación. ¿O al Rocío no se va a pedir por la salvación de los pecadores? El colofón al baile, el vino, el jamón, el sexo, el sudor y algún rezo furtivo son más empujones. Parafraseando a Pedro Juan Gutiérrez en Animal Tropical: “La caspa me persigue”.