Tras una concepción del proyecto y su construcción no exentas de polémicas por su elevadísimo sobrecoste, la gestión de Metropol Parasol, espacio más conocido como las Setas de la Encarnación, se revela una vez más como un grave error y una pesada losa para la ciudadanía que paga sus impuestos. A tener en cuenta la reciente victoria judicial de Sacyr contra el Ayuntamiento de Sevilla, con una sentencia que condena a pagar 36 millones de euros a dicha empresa. El pasado, el presente y el futuro de este problema nos lo explica claramente el periodista Carlos Mármol en su análisis titulado “El agujero infinito de la Encarnación“, publicado por El Mundo Andalucía:

El objetivo era soltar lastre. Y, de momento, Sacyr lo está consiguiendo. La adjudicataria del Parasol, el centro comercial que Monteseirín construyó para su mayor gloria personal con el 40% del dinero recaudado gracias a los convenios urbanísticos previstos para financiar los equipamientos de Sevilla durante una década, ha logrado una victoria judicial insólita que, aunque aún no es definitiva, alimenta su aspiración de deshacerse de un negocio, en apariencia inmobiliario, que ha dejado de ser rentable. Quizás porque en realidad siempre fue otra cosa distinta: una inversión financiera. La trascendencia de su victoria en el litigio con el Ayuntamiento no radica tanto en cobrar otros 36 millones de euros de dinero público como en conseguir que un juez anule el vínculo jurídico que la obliga a mantener el Parasol 40 años.

Para comprenderlo hay que mirar hacia atrás. El origen está en la fórmula ideada por Manuel Jesús Marchena, gerente de Urbanismo en 2003 y consejero áulico de Monteseirín, para pagar las ‘setas’. Un sistema que desde 2005 sólo ha supuesto desembolsos millonarios para las arcas públicas. El problema procede de esta etapa, pero no exime de responsabilidad al gobierno de Zoido, que no ha sabido negociar una solución para impedir que la adjudicataria se vaya tras cobrar la factura del Parasol y sin asumir su mantenimiento. La suma de ambas circunstancias es lo que ha permitido a Sacyr argumentar ante los tribunales un desequilibrio financiero irresoluble. Su argumento: dos decisiones municipales lastraron el plan financiero para hacer del Parasol un negocio. Su estudio jurídico sobre el particular, sin embargo, matiza esta afirmación. Sacyr alega que no cobrar a los sevillanos por ascender al mirador y el retraso en la entrega del edificio municipal de Hacienda, cuya explotación para oficinas supone un 14% de los ingresos, le han ocasionado pérdidas. El impacto de ambas decisiones, sin embargo, significa el 21% de los ingresos por la concesión de las ‘setas’, circunstancia que podía perfectamente haber sido reconducida por el gobierno local.

Tras recaudar todos los ingresos potenciales de las ‘setas’, la concesionaria ya no quiere los costes asociados. El mercado inmobiliario ha cambiado. Y eso que en su día el Parasol parecía un buen negocio. En parte lo ha sido: gracias al contrato ahora anulado, Sacyr cobró 25 millones de euros a fondo perdido más los derechos de explotación de todos los espacios comerciales (mirador, plaza elevada, mercado, gastrosol, edificio de Hacienda) asociados. La rentabilidad calculada por el Ayuntamiento, avalada por el director financiero de Urbanismo, Manuel Valdivieso, asesor de Zoido desde sus años en la oposición, era un 8% anual. Además de los citados 25 millones de euros, Sacyr tenía previsto ganar 91 millones de euros más en 40 años a cambio de un coste de construcción de 32,4 millones, su porcentaje del total.

El estallido de la burbuja inmobiliaria modificó estos planes. Desde entonces Sacyr perseguía la anulación del contrato. La Encarnación sólo le origina gastos. Los brutales incrementos en el coste oficial del proyecto, ocultados por la coalición PSOE-IU entre los años 2008 y 2010, cuando los técnicos de Urbanismo dictaminaron que el Parasol no se podía construir, ya han sido liquidados. El Ayuntamiento le pagó en 2008 un modificado de 8,4 millones. En 2010 le abonó un segundo reformado por 30,4 millones más. Monteseirín sacó adelante este último gasto con el Consejo Consultivo de Andalucía en contra, apoyándose en su voto de calidad como regidor. El ex alcalde socialista había concebido la Encarnación como su mausoleo. El problema es que lo pagó con el dinero para equipar a la ciudad, obtenido gracias a los sistemas generales del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU).

El talón de Aquiles de las ‘setas’ nunca fue estético, sino financiero. Su coste, que Sacyr debía haber asumido en un 50%, terminó saliendo de las arcas municipales. La versión de la concesionaria de que no ha logrado ingresos suficientes por culpa de Monteseirín y Zoido sólo es una media verdad. Dos ejemplos lo demuestran. El informe en el que cifra el quebranto por el retraso en la entrega del edificio de Hacienda lo ha calculado por 15 años, cuando la dilación real no supera los tres. Segundo: los ingresos no recaudados por la entrada de los sevillanos al Parasol se han estimado durante otros quince años. Son meras excusas. Sacyr sabe que ni convirtiendo el Parasol en una suma de franquicias de hostelería, instaladas sobre las zonas libres del proyecto inicial, recaudará lo que quiere. Las ‘setas’ no dan dinero.

Lo más grave es que su huida se va a producir sin que haya asumido ninguna responsabilidad por el sobrecoste de las obras, cuya causa es el proyecto de Jürgen Mayer (el arquitecto cobró 4,9 millones) que fue avalado por sus técnicos. Las ‘setas’ se contrataron sin proyecto de ejecución. Así lo certificó en diciembre de 2009 el director técnico de Urbanismo en un informe donde responsabiliza al arquitecto. Monteseirín nunca reclamó nada ni a Mayer ni a Sacyr. Zoido, a pesar de contar con este informe oficial desde entonces, encargó en enero a una empresa privada una auditoría sobre este asunto por 72.600 euros. Un gasto innecesario para averiguar lo que hace seis años ya han resuelto los funcionarios municipales. Y que no evitará, si otra sentencia no lo impide, que Sacyr se vaya con los bolsillos llenos después de engordar otra vez la factura infinita que los ciudadanos estamos pagando por la grandeur y la ineficacia de nuestros políticos“.

En la imagen, Metropol Parasol en una fotografía del usuario de Wikimedia Commons Anual, con licencia CC BY-SA 3.0.