Carlos Mármol ha publicado en su columna de El Mundo Andalucía “La Noria” el artículo “Las buenas intenciones“, que rescatamos para la web de Iniciativa Sevilla Abierta por la urgencia de plantear acciones concretas en el Polígono Sur, problemático barrio de Sevilla en el cual, sin embargo, florecen propuestas tan necesarias y esperanzadoras como las del Coro Meridianos [en la imagen], a quienes conocimos como uno de los “15 ejemplos de la actividad cultural en Sevilla” que presentamos en la Noche en Blanco, y que actuaron de manera desinteresada en la gala de entrega de los Premios ISA 2013.

Mi idolatrado Roberto Arlt, periodista atorrante y escritor de periódicos en el deslumbrante y a la vez miserable Buenos Aires de principios del pasado siglo, escribió una vez en una gacetilla volandera una verdad como una catedral que es casi una invariable sociológica: «La gente sólo respeta a los insolentes y a los maleducados. Los porteros se cuadran ante los zapatos lustrados y el traje nuevo. Hay que pedir las cosas con orgullo, como si se le hiciera un favor a aquel a quien se le pide algo». Es exactamente lo que hace unos días han hecho los vecinos del Polígono Sur ante las administraciones (habituales). Razones para hacerlo, desde luego, no les faltan. Están en su derecho: ¿acaso no son ellos, todos nosotros en realidad, quienes pagamos a gobernantes y funcionarios sus canonjías? En determinadas cuestiones es necesario ponerse serios. Graves. El Polígono Sur es un caso. Once años después de que las tragedias que se suceden sin cesar en esta parte de Sevilla provocaran un acto general de contrición, que alumbró la idea de abordar un plan integral de rehabilitación, pocas cosas (de fondo) han cambiado. Los vecinos denuncian ahora que 2.748 familias están en una situación social crítica y reclaman otro modelo para sacar al barrio del pozo: una Autoridad Única, autónoma desde el punto de vista financiero y que no regale el dinero, sino que lo invierta con sentido. La versión de la delegada institucional, María del Mar González, que lleva un año en el cargo, ha sido más diplomática: alerta de «una exclusión social escandalosa». Sería mejor que nos dejáramos de eufemismos. Los vecinos del Polígono Sur son víctimas de la pobreza, que es un mal aterrador. La comisionada hace lo que puede después de que su antecesor dejara abandonadas a las asociaciones cuando el susanismo vino a verle como el ángel a la Virgen. Y ninguna de las administraciones públicas ha cumplido sus promesas de delegar competencias y presupuestos. Han regularizado viviendas (que nunca debieron dejar de controlar) y diseñado equipamientos napoleónicos que no pueden abrir por falta de fondos, pero nadie se ha preocupado de hacer una comisaría en un distrito donde los traficantes de droga imponen la ley de la calle. Tanta grandilocuencia huera termina confirmando las peores sospechas: detrás de las buenas intenciones se escondía una estafa. Los vecinos del Polígono Sur no tienen que pedir más favores a nadie. Sencillamente deben dejar de ser engañados por las instituciones. ¿Es necesario decirlo más alto?“.