En esta sociedad globalizada y del conocimiento, en la que lo esencial es la mente humana y el espíritu creador, carecer de una buena formación es la ruina de un país. Además, esos atrasos cuestan muchísimo recuperarlos después. En materia de investigación, por ejemplo. Uno puede ser auxiliar, pero no podrá ponerse al nivel de los países más desarrollados si se han perdido varios lustros”. Estas declaraciones de Manuel Olivencia al periodista Javier Caraballo sintetizan una de las claves de la vida y obra desde Sevilla del eminente jurista, fallecido el pasado 1 de enero de 2018 a los 88 años de edad. Una personalidad significativa e influyente en la vida de Sevilla a lo largo de 40 años que conviene conocer y analizar no solo como el primer comisario general de la Expo 92.

La igualdad en la Educación tiene que ser de oportunidades, no puede consistir en cortar la cabeza de los que sobresalgan“. Es otra de las frases relevantes que Caraballo recupera de su entrevista con Olivencia, y que incluye en su artículo publicado en El Confidencial horas después del fallecimiento de quien sentó cátedra en el Derecho Mercantil, hasta el punto de ser responsable de la comisión de expertos que elaboró el primer código de buen gobierno corporativo de las empresas españolas para que funcionen bajo criterios de transparencia y rendición de cuentas. El llamado Código Olivencia. Tan necesario que se lleve a cabo, para mejorar la calidad de nuestra democracia.

Manuel Olivencia, en un aula del Colegio Alemán de Sevilla, dando una conferencia a alumnos en el año 2017.

Con el espíritu de pluralidad y de contraposición de pareceres, que caracteriza a la Asociación Iniciativa Sevilla Abierta, para estimular y compartir el conocimiento de la realidad sin reduccionismos maniquíes, recomendamos leer contribuciones periodísticas de diverso enfoque  sobre Manuel Olivencia y su legado en Sevilla. Como el artículo ‘Olivencia, el liberalismo según Sevilla’, publicado por Carlos Mármol en El Mundo. En el que dice: “La formación en leyes y economía, impartida por maestros como Ramón Carande o Francisco Pelsmaeker, y los viajes le abrieron la mente y le soltaron la lengua. En una época en la que en España era muy raro encontrar a un profesional que hablase idiomas distintos al castellano, él lo hacía“.

También es muy interesante escuchar los testimonios sonoros de su voz y de sus opiniones sobre cómo se organizó la Exposición Universal de 1992, para la que el presidente del Gobierno, Felipe González, le nombró comisario general en 1984 y lo destituyó en 1991, diez meses antes de la inauguración. Rescatados por la periodista María Jesús Pereira, que lo entrevistó en ABC de Sevilla. Este es uno de ellos: «Yo procuré que la Expo 92 fuera un proyecto de Estado y que Sevilla no se endeudara con la Muestra, como ocurrió con la Expo del 29. Intenté que Sevilla recibiera beneficios, de modo que el Estado y los particulares sufragaran e invirtieran en la Expo. Luché para que las cuentas de la Expo 92 fueran equilibradas pero después se dispararon y se disparataron con las urgencias y la excusa de que había que llegar a tiempo»

Las divergencias entre la Sevilla que apoyaba a Manuel Olivencia y su equipo, y la que valoró mucho mejor la labor de Jacinto Pellón y su equipo desde la Sociedad Estatal (como consejero delegado y después como presidente con plenos poderes) han sido una de las controversias clásicas en Sevilla a lo largo de treinta años. Antes, durante y después de la celebración de la Expo 92. Con adulaciones a unos y vituperios a otros. Con acusaciones más o menos veladas sobre las capacidades y los modos de proceder para garantizar o no la construcción a tiempo de la Expo, sobre la ejemplaridad o no en el manejo del dinero público, sobre la convergencia o confrontación con la ciudad. Ya en 1985, en El País, el periodista Alfredo Relaño dijo que “Olivencia es objeto codiciado de la derecha sevillana, que trata de mecerlo, cuidarlo y llevarlo a su terreno, y figura inspiradora de recelos para la izquierda, que lo señala como el candidato de los empresarios“.

Uno de los periodistas más a favor de Pellón y menos de Olivencia es Antonio Avendaño, que, en su análisis en ElPlural.com señala: “Seguramente todo fue menos alambicado: con Olivencia la Expo no llegaba a tiempo y con Pellón sí. En todo caso, debieron haberlo invitado a la inauguración y no lo hicieron. Quien había sido primer comisario y valioso embajador de la Expo merecía estar en los fastos inaugurales. El poder tiende a la ingratitud cuando se le lleva la contraria, tenga o no razón quien se la lleva, pero sobre todo si la lleva. Aquella vez, Olivencia no la llevaba; si acaso, llevaba la razón jurídica, pero no la razón política. Por eso prescindieron de él”.

Felipe González nombró al jurista Manuel Olivencia (a la derecha de la imagen) comisario general de la Expo, y al ingeniero Jacinto Pellón (a la izquierda de la imagen) consejero delegado. Severamente enfrentados entre sí, tanto ellos como sus equipos, en la cuenta atrás hacia la inauguración, se convirtieron en el caldo de cultivo del maniqueísmo sobre ‘las dos Sevillas’, en el que ninguno de los dos sectores tenía toda la razón.  González le dio finalmente todo el poder a Pellón y dejó fuera a Olivencia. Al fondo, el abogado José Luis Ballester, mano derecha de Olivencia como secretario general, y el diplomático Emilio Cassinello, que aceptó el rango de comisario, limitado a funciones protocolarias durante los seis meses de la Muestra Universal.