La calidad de la democracia y la adecuada conformación de la opinión pública tienen uno de sus pilares en la contraposición de pareceres, en tener acceso a los datos y a los hechos, en conocer distintos puntos de vista sobre todas las vertientes de un tema, en la transparencia sobre la gestión del bien común, en la evaluación de la eficiencia de las políticas y de las inversiones públicas. Un ejemplo paradigmático en Sevilla para llevar eso a la práctica es analizar qué se ha logrado destinando desde el Ayuntamiento más de 130 millones de euros en una plaza, la Encarnación, mediante el proyecto seleccionado, el Metropol Parasol (ya popularmente conocido como las Setas) y con su explotación concedida a la constructora Sacyr.

Por eso recomendamos leer una tribuna publicada el 4 de diciembre de 2017 sobre las Setas por el principal responsable político de su construcción, Alfredo Sánchez Monteseirín, que fue alcalde de Sevilla de 1999 a 2011, y las inauguró en marzo de 2011. Y acto seguido leer también el análisis de las explicaciones y de los argumentos del ex alcalde, contrastándolos con datos oficiales y con la secuencia cronológica de los hechos, que fue elaborado y publicado el 10 de diciembre de 2017 por el periodista Manuel Jesús Florencio.

Alfredo Sánchez Monteseirín, en el mirador del Metropol Parasol (las Setas de la Encarnación), cuando era alcalde de Sevilla y lo inauguró en marzo de 2011, dos meses antes de las elecciones municipales en las que su partido, el PSOE, decidió no presentarlo de nuevo como candidato.

Sin duda, correlacionar ambos textos interesa a todo tipo de personas, no en vano está relacionado cono el dinero de todos los contribuyentes. Tanto las que consideran un acierto el proyecto de las Setas como quienes no están de acuerdo, así como los ciudadanos que ni antes ni después tienen formada una opinión al respecto.

Por ejemplo:

Monteseirín dice: “Hoy, años después, ya casi nadie duda de lo acertado de la decisión tomada entonces sino que cada vez más ciudadanos se sienten orgullosos de que Sevilla osara, de nuevo, a acometer una obra así”.

Florencio dice: “El diseño del arquitecto alemán Jurgen Mayer, elegido en junio de 2004, supuestamente iba a costar 33 millones de euros y acabó costando cuatro veces más. Monteseirín y su gobierno ocultaron durante dos años y medio un informe técnico de la consultora de ingeniería Ove Arup según el cual “la estructura del proyecto, tal y como está concebido, no es realizable”.