Tras recibir la Medalla de Oro de la Ciudad, Laura Roa, nuestra compañera de Iniciativa Sevilla Abierta, desgrana sus retos – pasados y futuros, personales y colectivos- en una entrevista concedida al periódico ‘El Correo de Andalucía’, y realizada por Juan Luis Pavón.

Retos que pasan por convertir a la ingeniería biomédica en uno de los filones de empleo para los jóvenes sevillanos a través de pymes tecnológicas. También por superar el anquilosado machismo que impide a las profesionales desarrollar su talento en igualdad de condiciones tanto en la comunidad universitaria como en la científica. Una tarea titánica que esta pionera emprende con entusiasmo, trabajo y afán divulgativo.

“Catedrática de Ingeniería Biomédica. Pionera en la creación de tecnología para usos médicos, forma parte del amplio censo de ciudadanos que vertebran el desarrollo de Sevilla desde una labor ímproba y silenciada. Ayer recibió la Medalla de la Ciudad.

El vecindario del Porvenir, el barrio en el que reside, sabe quiénes son Los Morancos, y hasta ahora desconoce que esta vecina forma parte de la primera línea mundial de la ingeniería biomédica. A la mayor parte de los periodistas sevillanos les sucede lo mismo, y por eso sitúan a Los Morancos en el titular, y a Laura Roa en el último párrafo, cuando se proclamó hace dos semanas la concesión de las Medallas de la Ciudad. Se ignoraba que ya hace lustros fue elegida para ingresar en las cuatro grandes instituciones académicas internacionales de su especialidad. Y en el comité de la Academia de EEUU en este campo científico. Acude en Washington a reuniones para asesorar al Gobierno y al Senado norteamericanos en avances y tendencias. Y toman nota grandes empresas para procurar acertar en sus millonarias inversiones en un sector industrial estratégico.

Responsable del Grupo de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Sevilla, que fundó en 1988, Laura Roa tiene en su haber, entre otros, avances en el diseño de algoritmos inteligentes para aplicaciones clínicas, en el modelado computacional para la detección de procesos biológicos y patológicos, en tecnologías de entornos de vida asistidos para ancianos y pacientes crónicos. Nació en Tarifa, llegó a Sevilla con 17 años para hacer la carrera de Ingeniería, en la facultad donde se asentó desde 1975. Dada la tranversalidad de su área, da clases en Ingenieros, en Medicina, en Informática, y pronto en un máster del Instituto de Biomedicina (IBIS). De lo que está más orgullosa es de sus tres hijas y siete nietos. En el recuerdo, su esposo, Manuel Horno Montijano, catedrático en la Facultad de Física, “una persona maravillosa, me apoyó muchísimo para que pudiera desarrollar mi actividad a nivel internacional”.

Defina qué es la ingeniería biomédica.

Investigar e inventar procesos, métodos, tecnologías, para que el médico los aplique. No somos médicos, no curamos. Me interesé por este campo cuando hice la carrera, y le dediqué mi tesis doctoral en 1981. Empecé a establecer relaciones científicas con figuras internacionales. En 1983 ya organicé en Sevilla unas jornadas de ingeniería biomédica.

¿Imaginaba lo que podía conseguir a partir de cero?
Toda mi trayectoria se ha basado en un esfuerzo enorme, muchas veces a contracorriente. Por ser mujer y madre, mis estancias en Estados Unidos para avanzar en esta materia han sido más cortas de lo adecuado, en comparación con las que los hombres suelen llevar a cabo. Estoy orgullosa de ser muy respetada y muy querida en las principales academias mundiales de ingeniería biomédica.

¿Cómo concilia una mujer en nuestra tierra, a esos niveles, la investigación y la vida familiar?
Es muy duro. El ambiente no favorece. El machismo existe en la Universidad y en la Ciencia. Está aquí. Es estúpido negarlo. Y te hace mella. Y te dificulta.

¿Con qué médicos en Sevilla forjó una buena sinergia de investigación aplicada?
Los doctores Lazo Zbikowski y Franco, en Cirugía Plástica del Hospital Virgen del Rocío, para mejorar la atención a las personas con quemaduras graves. Tomás Gómez Cía, hoy muy prestigiado por ser capaz de realizar un trasplante de cara, hizo la tesis conmigo para crear un modelo matemático que optimizara mediante computación el tratamiento durante las primeras 48 horas de un paciente quemado gravemente. Fue un trabajo pionero en el mundo, nos abrió puertas, tuvo amplia repercusión. En el ámbito de los pacientes renales, he trabajado mucho con los doctores Palma y Milán.

Cite otros avances tecnológicos que está impulsando.
Un sensor inteligente, que interesa a Atam, asociación de minusválidos apoyada por Telefónica. Y un sensor de bioimpedancia, cuya comercialización le interesa a una empresa norteamericana. Y la plataforma para el tratamiento en casa de pacientes renales en diálisis peritoneal. Cinco hospitales españoles la utilizan, entre ellos el Virgen del Rocío y el Macarena.

A las autoridades y partidos políticos en Sevilla, ¿qué prioridad le gustaría aconsejarles?
La aplicación de las tecnologías de la comunicación va a cambiar todos los conceptos y sistemas sanitarios. Vamos a ver el empoderamiento ciudadano en la gestión de su salud. En la evolución de una medicina centralizada a una medicina distribuida y ubicua. Un filón impresionante de desarrollo y de empleo. Y la mayor parte de esos avances y servicios son de pymes tecnológicas, atendiendo a personas en cualquier lugar del mundo. O lo hacemos nosotros, o nos lo impondrán desde fuera. Con el dramático nivel de paro en Sevilla, y con el éxodo a la fuerza de nuestros jóvenes investigadores (a los que tanto esfuerzo dedicamos para formarles), lucho porque Sevilla comprenda que es estratégico, y es posible, configurar empresas punteras en tecnología para el cuidado de la salud de habitantes de cualquier país.

¿Aprecia receptividad en Sevilla a sus planteamientos?
Sevilla tiene que decidir qué quiere ser de mayor en un mundo muy competitivo. A mi juicio, el camino es ciencia e investigación para impulsar la creación de empleo en industrias ‘limpias’ basadas en tecnologías avanzadas. Alumnos míos impulsan la ‘spin-off’ Carenable. En mi equipo hemos logrado tener cuatro patentes.

¿En qué magnitudes se mueve industrialmente la ingeniería biomédica?
Es la que produce más solicitudes de patentes, hubo 10.000 en el año 2012. El empleo más demandado es el de ingenieros biomédicos. En Europa, que genera el 30% de la facturación mundial en este sector, hay ya 25.000 empresas dedicadas a este campo (el 95% son pymes), con más de 550.000 empleados.”

Foto: página web ESCUELA TÉCNICA SUPERIOR DE INGENIERÍA