Creemos necesario compartir el siguiente reportaje que recoge testimonios de ciudadanos sevillanos que están sufriendo la condición de parados de larga duración. Sus casos particulares son reflejo de circunstancias comunes para decenas de miles de personas. Este tema, de prioridad absoluta para ISA, ya se trató desde la Asociación promoviendo el ciclo “El gran reto de la sociedad sevillana: La creación de empleo en cantidad y de calidad“, acogido por La Fundición de Sevilla en 2015 y cuyos vídeos completos se pueden recuperar aquí.

A continuación, proponemos la lectura de este reportaje para ABC de Sevilla en dos distintos textos, ambos escritos por Cristina Aguilar y con fotografías de Jesús Espínola. En el primero, se explica la iniciativa de Cruz Roja, que ha puesto en marcha un programa para este colectivo y el 40% de los participantes ha logrado volver al mercado laboral, y en el segundo, son los usuarios de dicho programa quienes critican que el SAE no les ofrece ni cursos ni entrevistas de trabajo.

Los parados sevillanos de más de 45 años crecen un 33% en cinco años

Cruz Roja pone en marcha un programa para este colectivo y el 40% de los participantes logra volver al mercado laboral

En plena crisis, en 2011, el número de desempleados mayores de 45 años en la provincia de Sevilla era ya sangrante: 74.255, según los datos de junio de ese año. Esto es, el 35,23% del total de parados. Sin embargo, mientras la crisis económica avanzaba como Atila, anulando cualquier brote verde a su paso, la cifra continuaba creciendo, tal y como refleja el último informe del Observatorio Argos para la Consejería de Empleo, Empresa y Comercio de la Junta de Andalucía. En junio de 2016, 98.500 personas mayores de 45 años engrosaban la lista del paro (un 43,43% del total de desempleados en la provincia). Lo que significa que en cinco años, el número de parados en esa franja de edad ha aumentado un 32,65%.

Un dato, además, que cuadruplica al de los jóvenes parados, que se queda en 23.442. Esta última cifra no deja de ser funesta, puesto que pone en jaque a tantos que ven en el extranjero la única salida para esta difícil situación. Pero la de los mayores de 45 sigue siendo, si cabe, más aciaga. «La mayoría de estas personas tienen una carga familiar, encontrándose muchos al borde de la exclusión social o ya sumidos en ella», declaraCarmen de la Corte, coordinadora del nuevo programa de empleo que ha puesto en marcha Cruz Roja para estos veteranos.

En relación con esto, durante este año, concretamente en el mes febrero, se ha producido el mayor pico de desempleados de más de 45 años desde el inicio de la crisis económica, siendo 101.071 el total de las personas paradas. La explicación a este dato, en cierto modo, se encuentra en aquellos parados de larga duración que, con el paso del tiempo, han abandonado la lista de desempleados menores de 45 para pasar a la de mayores de esa edad. No obstante, desde febrero hasta el pasado mes de junio el número de parados ha disminuido hasta los 98.500. Una evolución positiva gracias al incremento de contratos, sobre todo, provenientes del sector servicios, «el único que está dando salida ahora mismo en Sevilla a este colectivo», señala Carmen de la Corte.

Ante este panorama, a los programas de empleo para mayores de 45 años que ya tenía en cartera, Cruz Roja da una vuelta de tuerca más. Una nueva posibilidad para estas personas que, a menudo, llegan a sus oficinas perdidas y enfrascadas en la desesperanza de no encontrar trabajo tras un largo periodo.

El programa de Cruz Roja, que comenzó en enero de 2016 con financiación europea y de la Fundación Bankia, queda muy lejos de una mera bolsa de empleo, como puede ser el Servicio Público de Empleo Estatal (antiguo Inem).

Se trata de un itinerario que va más allá de la información y la orientación. De esta forma, la persona que acepta formar parte de este proyecto se «compromete» a participar en una serie de cursos que suelen durar entre dos y seis meses, dependiendo también de esa «urgencia» en el núcleo familiar. En este sentido, del casi el centenar de personas que se han inscrito en este programa específico, el 40% ha conseguido un empleo.

Después, a través de sesiones individualizadas y grupales, van desgranando cuáles son los puntos fuertes de estas personas, que pueden llegar a potenciar, y sus carencias. Asimismo, ante esa falta de autoestima con la que llegan, les proponen cursos de «coaching» (entrenamiento personal). «Les ayuda a empoderarse. Una motivación que les hace enfrentarse al mercado laboral con una actitud menos derrotista», puntualiza Belén Barbosa, orientadora del departamento técnico de Cruz Roja.

En cuanto a la motivación, los que más trabajan en ese campo son la psicóloga María Rodríguez y el psicopedagogo Antonio Rodríguez, ambos voluntarios en Cruz Roja.

María, que forma parte del programa de mayores de 45 desde abril de este año, asevera que en las sesiones sacan lo positivo de cada persona. «Hace poco llegó una señora muy preocupada porque nunca había trabajado fuera de casa y que, por lo tanto, no sabía qué poner en el currículum. En estos casos, les hacemos ver que tienen una valiosa experiencia en el cuidado de menores, de ancianos, mantenimiento del hogar. Entonces ven que en realidad sí tienen una experiencia que plasmar y salen muy animados».

«Siete años en el paro me hicieron pensar que no valía para nada»

Los usuarios del programa de empleo de la Cruz Roja critican que el SAE no les ofrece ni cursos ni entrevistas de trabajo

Rafael, vecino de la Macarena, ha trabajado toda su vida en el campo y la construcción. Está casado y tiene dos hijos de 12 y 19 años. Recuerda que nunca dejó de estar empleado hasta que la crisis económica azotó el sector inmobiliario en 2008. A partir de entonces, ha ido «picoteando», como él dice, de un sitio y otro, relacionado siempre con las actividades laborales que ha llevado a cabo anteriormente. A sus 47 años, asegura estar viviendo un momento muy preocupante en su vida: lleva desde junio de 2015 sin trabajar.

Con el sueldo de su mujer, de unos 800 euros, la familia de Rafael come y paga alguna de sus deudas, pero, tal y como afirma, «cuando llega el día 20 de cada mes ya estamos sin un céntimo». Al quedarse parado, comenzó a entregar currículos en todo tipo de empresas. De la mayoría no recibía respuesta, situación que lo desesperaba aún más. Y de algunas, obtenía el «no» como respuesta al estar interesados sólo en menores de 30 años.

Buscó ayuda en Cruz Roja en 2008 y, a través del nuevo programa para mayores de 45, dice sentirse más motivado a la hora de buscar trabajo. Asimismo, a través de ellos ha realizado distintos cursos que han embellecido su curriculum: mantenedor de edificios, soldador y alicatador y de riesgos laborales. «Todo lo que sea aprender es bueno. El problema es que cada vez se ofertan menos cursos, y menos aun desde el Servicio Andaluz de Empleo (SAE)».

«La situación de Rafael se está cronificando —cuenta Belén Barbosa—. Ha encontrado trabajo temporal que para él son pequeños picos de esperanza, pero es un padre de familia que necesita un trabajo estable», y continúa: «En su caso hemos tenido que abrir el abanico de posibilidades. Nuestra labor es ir abriendo puertas a través de la orientación».

Fue precisamente eso lo que Cruz Roja hizo con Mari Ángeles a través de su orientadora, Nati Molero. Mari Ángeles, vecina de Nervión de 62 años, fue auxiliar administrativa hasta 2009. Su contrato se terminó y optaron por no renovarla. A partir de ese momento tuvo que «reiventarse» para sobrevivir: trabajos en boutiques, haciendo de canguro o cuidando a ancianos. «Quité de mi vida todo lo que no era necesario, me convertí en una hormiguita y mi hijo se adaptó muy bien a esa situación. Sin embargo, cuando el año pasado llegó a la Universidad, me di cuenta de que no podía estirar más el chicle».

Así, en febrero de este año, se «comprometió» con Cruz Roja a seguir el itinerario. «Venía perdida y desmotivada. Siete años parada me hicieron pensar que no valía para nada. El Servicio Andaluz de Empleo (SAE) no me aportaba nada, no me ofrecían cursos ni entrevistas, pero cuando llegué aquí me dijeron: “Vas a tirar hacia adelante”, y así fue», asegura.

Le propusieron un cambio radical en su vida: la hostelería. «Al principio no lo contemplaba, pero acepté y he descubierto que se me da bien». A través de Cruz Roja hizo un curso y realizó las prácticas en un hospital privado. «Sabía hacer de comer, porque lo he hecho toda la vida, lo único que necesitaba eran técnicas para cocinar para 70 personas con necesidades especiales. Fue muy gratificante».