El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha dado la razón a Sacyr, la empresa constructora y gestora de las Setas de la Encarnación, y obliga al Ayuntamiento de Sevilla a pagar el importe del billete (tres euros) para subir al mirador del Parasol, diseñado por el arquitecto alemán Jürgen Mayer, que el Consistorio anunció que sería gratuito para los sevillanos y residentes.

Según la sentencia, el Ayuntamiento también tendrá que pagar a Sacyr el coste real del mantenimiento de la plaza de abastos, por lo que entre ambos pagos se estima que para el año 2040, fecha del final de la concesión, la factura de las Setas se incrementará en otros 10,5 millones de euros.

De esta forma, el anuncio del ex alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín se ha desvelado como una falacia ya que finalmente los sevillanos tendrán que pagar el precio del billete a través de sus impuestos, algo que no ocurre por ejemplo con la Giralda, “a cuyo campanario pueden subir gratis los sevillanos por disposición del Cabildo Catedral, el cual se financia no de las entradas que deja de cobrar a los nativos y vecinos ni de sus impuestos que paguen al Ayuntamiento, sino del dinero que reporta el turismo”.

Así lo resalta el periodista Manuel Jesús Florencio en este análisis publicado en Andalucía Información y del que recomendamos su lectura. Bajo el título Setas sin fin, el periodista ofrece una perspectiva completa sobre el uso del dinero público desde el Ayuntamiento, en relación a la situación general de la ciudad, señalando por ejemplo, que con los 116,6 millones de euros, que se estima que podría ascender el coste de las Setas, se podría haber financiado una Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible para cada uno de los siete barrios más pobres de la ciudad.

Florencio además aporta importantes datos para que cualquier ciudadano disponga de un mayor contexto sobre el tremendo contraste que supone decidir políticamente (como se hizo hace 10 años) destinar a un proyecto ‘faraónico’ en el centro (la Encarnación) todo el dinero que debía haberse invertido en mejorar el desarrollo de la periferia de la ciudad, que es donde viven la mayor parte de los sevillanos. Y ya entonces Sevilla estaba, por desgracia, en los primeros lugares del ‘ranking’ español de barrios con mayor tasa de desempleo y pobreza.

Diez años después, por una gestión pésima de la negociación entre el Ayuntamiento y la constructora Sacyr, cuyos principales responsables políticos fueron Alfredo Sánchez Monteseirín como alcalde y Manuel Marchena, como gerente de Urbanismo y responsable de las corporaciones municipales de la ciudad, la sociedad sevillana tiene que seguirle aportando millones y millones de euros a dicha empresa, y a la vez Sevilla cada vez encabeza con más intensidad, y para oprobio general, la tabla del Instituto Nacional de Estadística sobre los barrios con menos renta per capita.