Gracias a la policía municipal de Sevilla, los sufridos romeros logramos ayer jueves alcanzar nuestras capillas a una hora razonable. Cansados de nuestra esforzada peregrinación, casi rotos tras tantos días de camino incómodo, vimos cómo unos desconsiderados que prefirieron quedarse trabajando agradablemente en Sevilla, pretendían impedir el paso a nuestras comitivas, con el pobre argumento de volver a sus casas después del trabajo en plena hora punta. ¡Cuánta ingratitud! ¡Qué más les daba a estos sedentarios trabajólicos llegar a casa un par de horas más tarde o verse retenidos 15 km en una autovía! Menos mal que las autoridades tienen claras las prioridades, y nos abrieron paso sin contemplaciones, mientras nosotros adornábamos la tarde con los alegres petardazos de nuestros cohetes. No vaya a ser que sólo se enteraran de que volvíamos los que se vieron atrapados en el atasco. La Blanca Paloma les compensará.