22 de febrero de 2007 enero / Sala Chicarreros

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Ponentes: Manuel Lozano Leyva (Catedrático de Física) y Agnès Gruart i Massó (Profesora de Fisiología).

Modera: Enrique Díaz León (Canal Sur)

Coloquio moderado por Enrique Díaz León

1) Intervención de Agnès Gruart, profesora de Fisiología, Universidad Pablo de Olavide:

En ciencia el binomio tradición/innovación no existe. Sólo puede hablarse de tradición científica local al referirse a las escuelas de científicos ilustres, como la de los bioquímicos sevillanos que siguen la estela de Manuel Losada; o al hablar de temas estrechamente conectados a recursos locales , caso del Instituto de la Grasa y su vinculación a la aceituna y sus derivados. Por lo demás, la ciencia es universal y sus valores son necesariamente innovadores. No puede hacerse ciencia “a la sevillana”.

Los elementos necesarios para la investigación científica, dondequiera que se haga, son:o Ideas. En Sevilla no faltan. Hay una cantera local de científicos con ingenio.o Equipamientos: material especializado y laboratorios, según el campo científico. En Sevilla empieza a haber equipamientos científicos. El entorno científico en Sevilla es muy deficiente. El investigador ha de perder el tiempo en labores no científicas por las deficiencias del entorno.

Una forma de facilitar un buen entorno científico es la creación de centros o institutos de investigación. En Sevilla se han creado varios de estos institutos en los últimos años. Los requisitos que un centro de este tipo tiene que cumplir para tener éxito son:o Que el proyecto del centro sea científico y no político. Los tiempos político (corto plazo) y científico (largo plazo) son incompatibles.

Que el proyecto del centro no esté supeditado a personas concretas.o Que la selección del personal científico sea universal y por méritos científicos. Eso se traduce en una amplia variedad de orígenes geográficos.o Que la financiación sea generosa y se sustituya la burocracia cotidiana por auditorías científicas y económicas periódicas.

La difusión de la ciencia en Sevilla tiene graves problemas. Un ejemplo es el caso de sus investigaciones recientes sobre mecanismos moleculares de la memoria. Han sido reconocidos por la revista Science como uno de los diez hitos científicos de 2006 (incluyendo todas las áreas de la ciencia). Los medios de comunicación locales se han hecho eco de la noticia, pero las instituciones no se han dirigido a ellos.

La divulgación de la ciencia en Sevilla es también deficiente. Es necesaria la existencia de Museos de la Ciencia, programas de difusión científica en la escuela, formar a los propios docentes para la divulgación de la ciencia y tender puentes entre los científicos y los divulgadores.2) Intervención de Manuel Lozano, profesor de Física Nuclear, Universidad de Sevilla:

La investigación científico-técnica en Sevilla tiene precedentes históricos (Escuela de Mareantes, Academia de Medicina, construcción naval, industria aeronáutica), pero nuanca cuajó  una comunidad científica sólida.

En los años ’70 del siglo XX se empieza a generar una comunidad científica considerable en Biología Molecular, Medicina, Física, Química, Matemáticas e Ingeniería. Hoy se hace ciencia y Sevilla empieza a estar en el mapa. Nos visitan científicos extranjeros y la financiación ya no es un problema.

Hay un millar de investigadores en Sevilla que son competitivos a nivel internacional y que pueden sevir como punta de lanza para la modernización de la sociedad sevillana.

Pero la influencia de esa comunidad científica en la ciudad es pobre, a pesar de que va habiendo un cierto reflejo social de la ciencia. Las instituciones públicas locales ignoran la ciencia. Sólo en la época de Soledad becerril la alcaldía se interesó por los científicos. Un hermano mayor de una cofradía tiene mucha más visibilidad social que un científico productivo.

Debate con y entre los asistentes:

No existen estímulos sociales y económicos provenientes de las instituciones civiles (públicas y privadas) a la investigación científica. No es sólo cuestión de que se ofrezcan becas, sino de la existencia de programas complementarios a la actividad científica.

¿Cómo recibe la ciudad la actividad científica? No hay reconocimiento social pero los sevillanos pueden llegar a ser sensibles y valorar la ciencia. Poco éxito cuantitativo de la Semana de la Ciencia. Para que la ciudad atraiga científicos foráneos hay que favorecerlo con servicios dirigidos a esa comunidad (escuelas en lenguas extranjeras, etc)

La falta de atención a la ciencia por parte de las autoridades locales es el termómetro de la indiferencia ciudadana y no la causa de ésta. ¿Seremos capaces de aprovechar los fondos de innovación que van a venir de la Ue en los próximos años? Los medios de comunicación locales presentan carencias a la hora de informar sobre ciencia. A pesar de que la ciencia es noticia y concita la atención de los ciudadanos, los medios son remisos a informar sobre ciencia. ¿Es imposible que la ciencia se acerque al ciudadano por su complejidad

Ha de ser posible porque la triada ciencia-cultura-democracia es la clave de los desafíos del mundo que viene (decisiones sobre política energética, regulación de las biotecnologías, etc) Para que el sevillano puede acercarse a la ciencia su desarrollo cultural-educativo tiene que ir en paralelo a la mejora de su nivel adquisitivo.

Otras ciudades sin historia científica destacada como Barcelona han adelantado claramente a Sevilla. Sevilla ha entrado en la ciencia pero otras lo han hecho aún mejor y compiten científicamente a escala internacional. Barcelona formó un tejido industrial a lo largo del siglo que ha cuidado la ciencia en los últimos años. No existe en Sevilla un tejido socioeconómico con esa sensibilidad hacia la ciencia.

La Universidad en Sevilla, como institución, no contribuye a proyectar en la ciudad el potencial dinamizador de el numeroso colectivo de investigadores que realizan en Sevilla ciencia de calidad. Antes al contrario, la universidad como institución es un freno para el dinamismo de esos científicos. Su gobierno esta en las manos más anquilosadas de la comunidad universitaria la universidad como institución se contagia de la indolencia de la ciudad en lugar de dionamizarla. Los científicos no se vuelven emprendedores. Falta responsabilidad social en el científico.

Hacen falta que surjan parques científico-tecnológicos que emanen del propio interés de las empresas y no del amor

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