El presidente de Cáritas Andalucía, Anselmo Ruiz, aseguró ayer en rueda de prensa [arriba, en la imagen] que la cultura de la ayuda que hay instalada en muchos barrios de exclusión social es un freno a la formación profesional y a la inserción laboral y, de hecho, supone a niveles más globales un “problema serio y estructural de Andalucía“.

Esta declaraciones de Ruiz coinciden con los planteamientos expuestos muchas veces desde ISA: lo equivocada y perniciosa que es a largo plazo la ‘cultura de la ayuda‘ tal como se fomenta una y otra vez en nuestra tierra, porque genera una sociedad dependiente en lugar de impulsar una sociedad dinámica.

En su memoria anual de empleo del 2014, Cáritas regional expuso que participaron en sus programas 5.522 personas, de las cuales se insertaron en el mercado de trabajo 1.361, sobre todo en servicio doméstico y supermercados, aunque también tuvo un empuje importante el autoempleo a través de cooperativas. Su presidente abogó por abrir una reflexión sobre la cultura de la ayuda porque hay “mucha gente instalada en esa dinámica que se reproduce de generación en generación” y, por tanto, hay que mentalizar a la gente de que “no todo es subvención“, sino que hay que formarse y trabajar. También destacó Ruiz el impulso a los proyectos cooperativos de economía social que está dando Cáritas en su labor de inserción laboral, avanzando que es un terreno “a abonar por las administraciones que puede dar empleo a mucha gente“. Aunque la recuperación económica es “incuestionable“, ha admitido que no está llegando a los colectivos que atiende Cáritas porque tienen niveles muy bajos de formación y, por ello, ha reivindicado a las administraciones una apuesta decidida por la formación de los jóvenes.

Asimismo, Cáritas ha pedido a las administraciones que introduzcan cláusulas sociales en la contratación pública para primar a las personas que sufren exclusión social. Según los datos, el 22,1% de los hogares andaluces padece exclusión social y de los más de 5.500 que atendió Cáritas en sus programas de inserción laboral en 2014, el 62% eran mujeres, la nacionalidad era en el 80% de los casos española, casi la mitad jóvenes entre 18 a 35 años y la mayoría con formación básica.

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