De las cinco tribus aborígenes que pueblan las islas Andamán, en el océano índico, solo los nicobareses, convertidos al cristianismo y a la agricultura en época reciente, fueron diezmados por el tsunami ocurrido en aquella región del planeta el año 2004. Los otros cuatro grupos étnicos de las islas, que continúan con sus prácticas cazadoras y recolectoras, y con sus creencias animistas, sobrevivieron íntegramente. Sus mitos ancestrales hablan de la continua lucha entre el mar y la tierra. Cuando vieron que “los espíritus se enfadaban y sacudían los árboles” y que el mar se retiraba, supieron que tenían que alejarse de la costa “porque el mar entraría en la jungla y se mezclaría con la tierra hasta que acordaran nuevos límites”. Esta poética versión de lo ocurrido, en boca de un miembro de la tribu Onge, es un estupendo ejemplo de cómo la tradición local ayuda a una población a superar problemas recurrentes. Nadie en las Andamán había visto un tsunami en su vida, pero la información codificada a lo largo de miles de años en forma de mito tradicional les permitió hacer frente a una amenaza desconocida.

En España estamos en medio de un tsunami económico. ¿Cuál de las tribus españolas sobrevivirá mejor a la catástrofe? ¿Nos ayudará a los sevillanos nuestra abigarrada tradición a superar mejor este trance? En Iniciativa Sevilla Abierta creemos que no, y que serán las ciudades más innovadoras y abiertas las que conseguirán sobreponerse a la crisis con más rapidez e incluso salir reforzadas en el nuevo contexto internacional.

¿Por qué sirve la tradición andamana contra el tsunami marino y no la tradición sevillana contra el económico? Porque el primero es un problema cíclico que se repite con ligeras variaciones cada pocas decenas de años, probablemente desde la propia formación de ese archipiélago; mientras que el segundo, las crisis financieras internacionales, son un fenómeno que no tiene ni un siglo de vida. En el caso de la que nos asola, es la primera con una dimensión absolutamente global, que además en nuestro país coincide con otro fenómeno nunca antes experimentado, al menos con esta intensidad: el colapso de un hipertrofiado sector de la construcción y el probable estallido de la burbuja inmobiliaria. Las respuestas de la tradición sevillana contra los problemas cíclicos tampoco es que sean muy convincentes -hace tan solo 15 años la Virgen de los Reyes fue sacada en procesión extraordinaria contra la sequía- pero desde luego el tsunami económico español es un problema para el que nuestra tradición no tiene codificado ningún elemento de respuesta.
¿Estamos entonces todas las ciudades igualmente inermes frente a la que se nos viene encima?

Evidentemente no. Aquellas con tejidos socioeconómicos más emprendedores, mejor conectadas a las redes comerciales y productivas globales, con espacios metropolitanos urbanísticamente mejor articulados, y que cuentan con ciudadanos mejor formados profesionalmente para actuar en un mundo globalizado, están sin duda en mejor posición para superar la crisis, o cuando menos para situarse con ventaja en el escenario que surja después de la tormenta.

Desgraciadamente, no parece que Sevilla responda a este perfil, en comparación con el resto de grandes ciudades españolas. El recientemente publicado Informe Económico anual de la provincia de Sevilla confirma de nuevo que nuestro tejido empresarial es débil y que nuestra población es menos activa que la media española. Los estudios sobre los rendimientos educativos, incluyendo el informe PISA de la OCDE, ponen de manifiesto que los estudiantes andaluces están peor situados que los de otras zonas del estado. Las capacidades lingüísticas de los sevillanos no están a la altura de lo que demanda el mercado de trabajo internacional; por poner un ejemplo, el número de programas de enseñanza en inglés en nuestras universidades es aún insignificante. Y la dimensión metropolitana de Sevilla continúa estrangulada por la deficiencia de nuestra red de comunicaciones y la descoordinación urbanística entre los diferentes municipios.
Si la tradición sevillana no ayuda ante el tsunami económico ¿es al menos inocua? En Iniciativa Sevilla Abierta, sin dejar de valorar los beneficios que una sólida identidad tradicional tiene para la cohesión social de la ciudad, creemos que el peso excesivo de la tradición es un lastre que dificulta la evolución de la ciudad en la dirección adecuada. Los valores sevillanos tradicionales sitúan lo local por encima de todo, induciendo la autocomplacencia, la displicencia ante cualquier innovación y el recelo ante lo foráneo. Un ejemplo: no importa que se haya demostrado en innumerables ciudades que la peatonalización de las zonas comerciales es socialmente muy rentable; cada vez que surge un proyecto de ese tipo -en estos días el de la calle Asunción- la Sevilla tradicional, acomodada en la ausencia de renovación, se opone con ardor. Además, la cercanía de lo conocido se antepone al valor de lo extraño y eso, en el caso de las personas, favorece el compadreo y desincentiva la meritocracia.

Una estrategia de progreso para Sevilla tiene por tanto que incorporar también actuaciones en el plano simbólico y en el de las prácticas culturales. Potenciar actividades como Noviembre-Mes de Danza o el Festival Internacional de Cine, por poner ejemplos de la actualidad, no es solo un capricho cultural, es una necesidad. Apostar decididamente por la investigación científica y su divulgación, con estructuras estables de difusión de la Ciencia; o popularizar el conocimiento de la Economía, serían también prácticas muy saludables para nuestras mentalidades. Trabajar en pro de estos asuntos, y de otros que vayan en esa dirección, no sólo incumbe a las administraciones públicas, sino a todos los ciudadanos preocupados por el futuro de esta ciudad.

Sebastián Chávez de Diego, presidente de Iniciativa Sevilla Abierta

Publicado en El Correo de Andalucía