Publicado el 09 mayo 2012 por M. José


Raquel Rico nos envía fotografías de la remodelación de muelle de Nueva York. y sus com entarios:
“Gran parte es un descampado enlosado en el que además había muchos amarres de SEVICI que ya han desaparecido. Esta es la acera que hay y por ella no se puede andar, hay que bajarse cada 5 metros a un estrecho carril por el que supongo que pasarán también las bicis. Hay dos quioscos que se han situado en un lugar estrecho y de difícil acceso (recordad cómo están de llenos a veces los del paseo Colón). Al lado hay un espacio de albero que parece estar previsto para poner mesas -y que se encharcará y será difícil de barrer- y en la foto se ve también lo estrecho de la calzada”.
Publicado el 20 julio 2009 por raquel

Haya centenaria en Madrid
El jueves, 16 de julio, supe por la prensa y por noticias directas de miembros de ISA que participaron activamente, que el Ayuntamiento sigue adelante con lo que es ya desde hace varios años uno de sus peores proyectos: “Sevilla sin sombra”. El miércoles han sido las acacias del Porvenir las víctimas de una pasión arboricida que utiliza cómo justificación el que se actúa sobre árboles enfermos. Y como la mayor parte de los que existen en la ciudad lo están y los que no lo están ocultan las fachadas de nuestros edificios o simplemente estorban en el acerado, pronto no quedará ninguno.
Y el viernes, día 17, las acacias de la calle del Prado en la que vivo anuncian en sus troncos que un operativo sin definir las afectará el lunes 20. ¿Será tala o será poda? Ya en años anteriores cortaron algunas que jamás se repusieron y entre las que han conseguido sobrevivir las hay añosas pero también muy jóvenes. En el mejor de los casos –que sea poda- ¿no es el peor momento tanto para el árbol como para los vecinos? Y si es tala ¿porqué están señalados también los muy jóvenes? ¿Lo harán para prevenir que puedan enfermar muchos años después? Y como contrapunto ejemplar, la Fundación Lázaro Galdiano organizó en Madrid en el 2008, y como homenaje al haya centenaria de su jardín que tuvo que ser cortada, una magnífica exposición cuya finalidad era hacer perdurar su presencia. Una de las intervenciones realizadas fue grabar al ácido, en el gran ventanal de su tienda, la imagen de un árbol. El día que lo visité era enero, había nevado mucho y la fotografía que acompaño es testimonio permanente de una belleza que en esta ciudad es objeto de un vandalismo institucional que se pretende justificar con endebles argumentos.
Raquel Rico