En esta tribuna publicada en Viva Sevilla por Fernando Mendoza, el arquitecto, Premio Nacional de Restauración, analiza el proyecto aprobado por la Comisión del Patrimonio y la Gerencia de Urbanismo para las Reales Atarazanas, de máximo interés para los ciudadanos dada la importancia de este Monumento Histórico Artístico, declarado Bien de Interés Cultural.

La Comisión del Patrimonio y la Gerencia de Urbanismo han aprobado un proyecto sobre las Atarazanas. Esta intervención es desconocida para la ciudadanía y tiene un importe aproximado de 10 millones de euros. Es una buena noticia que se inviertan fondos en su recuperación y apertura. Están declaradas monumento nacional y fueron en el medioevo uno de los mayores astilleros europeos.

Parece que los promotores -la Caixa, la Junta y el Ayuntamiento- tienen prisa por comenzar las obras. Sin embargo, no parece que éste sea un proyecto completo de rehabilitación de las Atarazanas, sino una actuación sobre el edificio dieciochesco con fachada a la calle Temprado y algo sobre la mitad del edificio, ya que la otra mitad está enterrada.

Los astilleros, que según el arqueólogo Fernando Fernández pueden tener origen romano, tuvieron un desarrollo posterior musulmán y una reedificación por Alfonso X. Las naves estaban emplazadas al nivel del Guadalquivir. Una vez que se dejó de construir barcos, su cota interior fue creciendo mediante rellenos de tierra.

En las Atarazanas se sabe, debido a investigaciones arqueológicas, que su nivel fundacional está cinco metros por debajo del que pisamos. Y también que hasta que no se excave en su totalidad no podremos conseguir su rehabilitación plena. Se trata de retirar unos 35.000 m3 de tierra que podrían corresponder a 50.000 toneladas de peso. Gravitan en parte sobre su cimentación, que no estuvo pensada originalmente para soportar este gigantesco esfuerzo.

La necesidad de excavar las Atarazanas en su totalidad no es sólo para conseguir unir las dos mitades, la que se ve y la enterrada, sino también por motivos científicos y culturales. Debajo de esa masa se pueden encontrar restos de los astilleros musulmanes e incluso romanos, así como lienzos de la muralla islámica. El problema del agua subterránea, que se utiliza como argumento en contra de su excavación, no es tal. Las Atarazanas siguen estando a nivel del río.

Algo parecido sucedió en la Colegiata del Salvador. A medida que el nivel del entorno subía, por el barro de las inundaciones, los escombros o las obras de defensa de las crecidas del Guadalquivir, el interior del oratorio se mantenía en el mismo nivel. Cuando se derribó en 1.671 la mezquita, reutilizada como iglesia cristiana, los sevillanos se encontraron con un gran hoyo entre las plazas del Salvador y del Pan que los canónigos decidieron utilizar como cripta de enterramientos. Cuando toparon con el rechazo de los fieles, que querían enterrar a sus familiares con los escudos bien visibles en el suelo de la iglesia para evitar dudas sobre su condición de cristianos viejos, tomaron la decisión de rellenarlo con tierra, más de 3.000 m3.

En el comienzo de la rehabilitación del templo, consideré imprescindible vaciar esta tierra que, empapada de agua y llena de restos humanos, lo perjudicaba notablemente. La retirada se realizó con máquinas y una vigilancia arqueológica adecuada. El tiempo empleado en el vaciado y su coste fueron asumibles dentro del proyecto de restauración. Se demostró que el nivel original del edificio estaba tres metros por debajo del nivel de la iglesia, se saneó el templo de humedades, se encontraron restos de la mezquita, se recuperó la cripta y la operación fue un éxito.

Lo mismo puede suceder en las Atarazanas cuando se acometa el proyecto completo de restauración. Los visitantes quedarán deslumbrados por la potencia del espacio y los arcos góticos, visibles ya hasta su arranque original. El viejo astillero constituirá otra catedral, civil, que será un espectáculo en sí misma. Este es un objetivo al que la ciudad no puede renunciar.

Sorprende la aprobación unánime de este proyecto parcial por la Comisión de Patrimonio. Según el artículo 39 de la Ley de Patrimonio Histórico, “los poderes públicos procurarán por todos los medios de la técnica la conservación, consolidación y mejora de los bienes declarados de interés cultural”. Este proyecto ¿consiste en una consolidación y mejora de las Atarazanas?

Dada la trascendencia del edificio es necesario que los responsables informen adecuadamente de las características y alcance de la intervención. También habrá que exigir a los responsables que no realicen operaciones irreversibles que hagan imposible, en un futuro, la auténtica operación de restauración y consolidación de las Atarazanas“.

En la imagen, «Edificio de las Antiguas Atarazanas Reales hoy Maestranza de Artillería» por PescamillaTrabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 es vía Wikimedia Commons.