El PP ha presentado en el Congreso de Diputados una proposición no de ley que pide al Gobierno que retire los nombres de tratantes de esclavos de las calles españolas y que erija “un monumento en memoria de las víctimas de la esclavitud”. La iniciativa, dicen, pretende reparar “un agravio histórico hacia la población negra, inyectando ilusión afropositiva, afirmativa y transformadora”, que contribuirá “a erradicar el racismo más duro e intolerable y la violación de los Derechos Humanos”.

No pocos vieron como un desvarío la iniciativa de ISA a favor de un monumento a las victimas de la Inquisición en Sevilla. Supongo que ahora se extrañarán del paso dado por el PP, que desde luego sorprende.

Tanto la esclavitud como las iniquidades de la Inquisición han sido crímenes prolongados contra la humanidad que han persistido hasta no hace mucho tiempo. Desde luego que sus  víctimas merecen ser homenajeadas, y así debiera hacerse, sobre todo para evitar que monstruosidades semejantes vuelvan a ocurrir alguna vez.

¿Cómo entender que haya tanta oposición a recordar hechos como estos? ¿Y cómo entender el entusiasmo de los que se oponen para apoyar un monumento al sucesor de los criminales?