Con motivo del Día de Andalucía, la periodista de El País Margot Molina publicó un artículo, “Sevilla se descubre arrugas en el espejo“, sobre el estado actual de nuestra ciudad, ahondando en temas como el peligro de que Sevilla, a nivel empresarial, se vuelque únicamente con el sector servicios, abandonando el apoyo a proyectos de innovación y desarrollo y convirtiéndose por lo tanto en un ‘parque temático’ para turistas, o el alto coste a todos los niveles de la ampliación del Metro. En el artículo, que tenéis en el siguiente enlace o recuperado bajo estas líneas, Víctor Fernández Salinas, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Sevilla y uno de los 20 miembros del Comité Ejecutivo Internacional de Icomos, el organismo que asesora a la Unesco en materia de Patrimonio Mundial, puso a Iniciativa Sevilla Abierta como ejemplo de participación de la sociedad civil en las decisiones.

Sevilla, como Narciso, está acostumbrada a mirarse y gustarse, a hacer la vista gorda a las arrugas; pero el espejo que le ha servido durante los últimos cinco siglos se le ha quedado pequeño y para el XXI necesita uno de aumento. Un nuevo espejo que refleje la realidad de una capital que registra un 34% de paro, está perdiendo población —ha bajado de los 700.000 habitantes y ha perdido su condición de gran capital—; tiene 50.000 viviendas vacías de propiedad privada, de los bancos y del Ayuntamiento; un proyecto de tres líneas de Metro que algunos expertos consideran inviable económicamente —mantener abierta la línea que funciona actualmente cuesta 65 millones anuales, de los cuales 50 los aporta la Junta— y medio centro histórico convertido en un parque temático para turistas… Pero, a pesar de todo, Sevilla sigue ejerciendo una incuestionable atracción entre propios y extraños. En 2014 el número de turistas subió un 9% respecto al año anterior y alcanzó los 2,2 millones de visitantes que realizaron 4,5 millones de pernoctaciones en hoteles y apartamentos turísticos.

Entre sus atractivos destaca su enorme patrimonio, con uno de los cascos antiguos más extensos de Europa de casi cuatro kilómetros cuadrados, que gracias a la peatonalización de gran parte del centro histórico y a sus 170 kilómetros de carril bici consigue ofrecer una ciudad a escala humana.

“Sevilla no ha sabido sumarse a la modernidad. Aunque coquetea con ella y es una ciudad pretendidamente abierta, sus intentos de modernización han sido siempre fallidos. Es una ciudad maravillosa, pero también muy conservadora y es precisamente ese conservadurismo lo que le ha impedido entrar de lleno en la modernidad. Ha tenido intentos, pero han sido más formales, estéticos, que reales”, apunta Víctor Fernández Salinas, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Sevilla y uno de los 20 miembros del Comité Ejecutivo Internacional de Icomos, el organismo que asesora a la Unesco en materia de Patrimonio Mundial.

El turismo, uno de los sectores económicos fundamentales para la ciudad, tiene también su parte negativa, en opinión de Fernández Salinas. “El sur de la ciudad está cada vez más tematizado, es como un parque de atracciones y ha perdido su autenticidad. Hasta hace 15 años este fenómeno se limitaba solo al barrio de Santa Cruz, pero en los últimos años ha habido una prolongación tentacular hacia las calles Hernando Colón, García de Vinuesa… La idea de generar un ámbito para el turista que ya ocupa casi la mitad del casco histórico es de encefalograma plano”, apunta Fernández Salinas, uno de los miembros de Icomos que lideró, y perdió, la batalla de la Unesco contra la Torre Pelli. El rascacielos que puso en jaque la declaración de Patrimonio Mundial de la Unesco de la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Indias.

“La cultura de Sevilla es arrolladora, potente, fascinante pero si la ciudad quiere ser competitiva no puede ser solo un destino turístico exótico; tiene que canalizar su capacidad creativa. Hay que crear un espacio de reflexión sobre qué es la modernidad, porque a una ciudad no la hace moderna sus edificios, industrias o universidades; sino algo más inmaterial como la participación de la sociedad civil en las decisiones, asociaciones como por ejemplo Iniciativa Sevilla Abierta (ISA) que van de abajo hacia arriba”, añade el miembro de Icomos.

Y patrimonio es también la arqueología, uno de las áreas con más potencial en la ciudad. Para el arqueólogo Óscar Ramírez, el sistema de protección del patrimonio arqueológico sevillano funciona; pero hace falta un esfuerzo para que la información que se obtiene de las excavaciones no se limite al ámbito académico y llegue a los ciudadanos.

“La historia tiene una función social clave, pero para qué sirven las investigaciones si el resultado de esos trabajos no llega a la gente”, lamenta Ramírez, quien forma parte de la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla desde 1990.

“Las prospecciones arqueológicas en el ámbito urbano [una fase obligatoria en buena parte del casco histórico antes de iniciar una obra] se han visto durante mucho tiempo como una actividad onerosa. Eso, afortunadamente, está cambiando y ahora hay otra percepción. Lo que ocurre, es que para la mayoría de los promotores la excavación es sólo un trámite. Los arqueólogos se limitan a anotarlo todo, pero no se interpretan los datos”, afirma Óscar Ramírez. “Los ciudadanos tienen que saber cuál es su patrimonio, porque lo que no se conoce no existe. Además de excavar, hay que difundir y conservar ese patrimonio, labores que generarían también muchos puestos de trabajo”, añade el arqueólogo.

La movilidad es otra de las cuentas pendientes de Sevilla, a pesar de ser uno de los sectores en los que las Administraciones han invertido más en los últimos años. “Los derechos de los ciudadanos gravitan sobre tres pilares: el derecho a la convivencia, a la igualdad y a la participación en el gobierno de la ciudad. Pero, desgraciadamente, nuestras ciudades generan más exclusión que inclusión”, reflexiona José Antonio García Cebrián, abogado experto en urbanismo y viceconsejero de Fomento y Vivienda hasta el pasado 26 de enero cuando la presidenta de la Junta, Susana Díaz, rompió el pacto del Gobierno con Izquierda Unida.

“Sevilla tiene una buena planificación urbanística, pero el gobierno municipal del PP tiene estancada su ejecución y la ciudad lleva los últimos cuatro años en vía muerta. El PGOU vigente [Plan General de Ordenación Urbanística] apuesta por un modelo de ciudad que prioriza el transporte público y el uso de la bicicleta; sin embargo el Ayuntamiento ha hecho una propuesta insensata. Está empeñado en construir un puente abierto al tráfico para comunicar la Torre Pelli con el centro, pero el puente crearía más problemas a un viario como Torneo, en el que desembocaría, que ya está al borde del colapso. Lo necesario sería un puente desde el Aljarafe a la torre, que es desde donde se prevé que llegará más tráfico”, arguye García Cebrián. De momento, la Consejería de Fomento ha negado el permiso al Ayuntamiento para el puente y, en su lugar, plantea una pasarela de uso compartido para peatones, bicicletas y transporte público.

La tendencia apoya el planteamiento del PGOU: 21 millones de personas se mueven al año por la ciudad sobre dos ruedas; frente a los 14 millones que utilizan el Metro. El uso de la bicicleta como medio de transporte (9%) está entre los más altos de España. “La construcción de la línea 1 costó 1.400 millones de euros, si se realizaran las tres líneas que hay planificadas supondría una inversión de 4.600 millones. A esto habría que sumarle una subvención anual de 200 millones [50 para cada línea]. Por eso tenemos que replantearnos qué infraestructuras necesitamos para satisfacer nuestras necesidades sin tener que hipotecar los presupuestos de nuestros hijos”, sentencia García Cebrián.

El carácter de los sevillanos es también responsable, en opinión de Vicente Flores, catedrático de la Escuela de Ingeniería de Edificación de la Universidad de Sevilla, del estancamiento económico que padece la capital andaluza. Flores está convencido de la necesidad de “lealtad entre las instituciones”. “No pueden estar poniéndose palos en las ruedas unas a otras y culpándose mutuamente de los males”.

“Sevilla tiene un enemigo tremendo en los propios sevillanos, puesto que somos muy dados a hacer frentes. En cuanto surge un proyecto, como por ejemplo el de la zona franca, empezamos a buscarle pegas. Cuando se desconoce la historia y el patrimonio de la ciudad, como le ocurre a muchos sevillanos, se produce un desafecto y, en consecuencia, una despersonalización de la ciudad. Los sevillanos tenemos que volver a sentirnos orgullosos de Sevilla”, sentencia Flores como receta para que la ciudad pueda volver a mirarse en el espejo y gustarse según los cánones del siglo XXI“.

En la imagen: Metro de Sevilla, fotografía de portada de su perfil en Facebook.