Sánchez Monteseirín repetirá en la Alcaldía, con una política que, como él mismo ha declarado ya, será de continuidad. Se admiten comentarios sobre el futuro de la ciudad, resuelto ya el debate electoral y asumiendo que no habrá un cambio sustancial en los proyectos y en los comportamientos. ¿O sí?
Una política de continuidad conduce al marasmo. ¿Pero acaso alguno de los que se presentaba tenía un rumbo realmente distinto?
Sólo una esperanza: hay un 50% de ciudadanos que no quisieron hacerse cómplices de esta falta de ideas. Si alzan su voz, quizás Sevilla despierte. ¿O no?
Una de las razones por las que la política aburre es su previsibilidad. La noche electoral todos ganaron y hasta los que quedaron fuera de juego le echaron la culpa a los demás. Lo previsible.
¿Está Sevilla condenada a tener alcaldes grises porque quien ocupa San Telmo o quien aspira a ocuparlo no quieren nadie que les robe protagonismo?