En agosto de 2019 se cumple el vigésimo aniversario del Mundial de Atletismo de 1999 en Sevilla, un evento de primer nivel cuya consecución motivó la construcción del Estadio de la Cartuja. Cuatro lustros después, el recinto deportivo, de los más grandes de España, y de notable calidad, se encuentra cerrado debido al deterioro de su cubierta por falta de mantenimiento. Su reparación asciende a 16 millones de euros, una cantidad que las administraciones responsables de su gestión y explotación, sobre todo la Junta de Andalucía, son incapaces de afrontar y que deja al estadio sin fecha de reapertura. Decae así una infraestructura que simboliza una vez más el despilfarro de dinero público por no planificarse bien la correlación de medios y fines, y que lleva acumulando pérdidas desde su inauguración en la primavera de 1999.

La pregunta del millón, en este caso, de más de cien millones de euros: ¿Cuántas prioridades más esenciales para promover el desarrollo socioeconómico de Sevilla, y con más capacidad de rentabilizar la inversión para la creación de empleo y de riqueza, se podían haber elegido, en lugar de aventurarse a una ‘grandeur’ de imposible consecución: ser sede de Juegos Olímpicos? Ninguna ciudad del tamaño de Sevilla es elegida por el COI para organizarlos. Era obvio. Ni Samaranch como presidente lo iba a conseguir moviendo sus hilos entre bambalinas, y menos aún muy pocos años después de que España hubiera tenido los Juegos de Barcelona 1992. Pero Alfredo Sánchez Monteseirín, cuando era presidente de la Diputación, y aspiraba a ser candidato a la alcaldía, presentó la candidatura ante la Federación Internacional de Atletismo para que Sevilla tuviera el Mundial de Atletismo, y desde el Ayuntamiento hispalense, la bicefalia Soledad Becerril-Alejandro Rojas Marcos ya había iniciado la estrategia de la operación Sevilla 2004. Todos ellos se equivocaron.

Vista aérea del Estadio de la Cartuja

Una decadencia anunciada

El Estadio entonces mal llamado Olímpico fue catalogado de 5 estrellas por sus características técnicas, por sus dimensiones, y por su capacidad para 60.000 espectadores. Su edificación, realizada por el estudio Cruz y Ortiz Arquitectos, tuvo un coste en pesetas equivalente a 120 millones de euros. La idea de la Sociedad Estadio Olímpico de Sevilla era que una vez finalizado el Mundial de Atletismo se produjera el traslado de los dos grandes clubes de la ciudad, Betis y Sevilla, de forma que usasen como sede el estadio alternando una semana los seguidores de uno y otro club como se hace en muchas ciudades europeas.  Compromiso que ambos clubes habían rubricado al entrar a formar parte de dicha sociedad. Pero los directivos del Sevilla y del Betis durante aquellos años fueron muy egoístas en las negociaciones, querían enormes beneficios por la recalificación de los terrenos del Sánchez Pizjuán y del Benito Villamarín, y no hubo acuerdo entre el Ayuntamiento y los clubes, lo que derivó en que ninguno tomara el Estadio para su actividad deportiva.  Hasta su clausura en diciembre de 2018, el estadio se explotaba como sede, principalmente, de grandes espectáculos escénicos, además de acoger las oficinas de empresas públicas y privadas, y un hotel de cuatro estrellas.

A lo largo de estos 20 años, en el recinto apenas se han celebrado 90 eventos deportivos, que van desde el Mundial de Atletismo para el que se construyó, la final de la UEFA de 2003 o las finales de la Copa Davis de 2004 y 2011, a actividades de otro nivel como la Copa Infantil Covap, en distintas ediciones, o la Olimpiada Escolar de Andalucía, en octubre de 2018. O la salida y llegada del Maratón de Sevilla. El gran sustento del Estadio de la Cartuja ha sido la música pop. Durante estos 20 años, el recinto a albergado conciertos como los de Bruce Springstenn, U2, AC/DC, Maná, Héroes del Silencio y Madonna.

A pesar de acoger todo tipo de eventos (en 2008, 45.000 personas asistieron a la beatificación de Madre María de la Purísima, para lo que se trasladó la imagen de la Macarena hasta la Cartuja), el Estadio de la Cartuja nunca ha sido rentable. En 2011, fiel a la realidad que vive el recinto, la Sociedad Estadio Olímpico de Sevilla decidió rebautizar las instalaciones como Estadio de la Cartuja, ya que el afán de olímpico con el que se construyó nunca llegó. Actualmente, está participado por la Junta de Andalucía (40%), el Gobierno de España (25%); el Ayuntamiento (19%), la Diputación(13%) y un 3% repartido entre el Betis y el Sevilla.

Lleno total en el concierto de U2 en 2010

Un futuro incierto

Tras el cierre forzado en diciembre de 2018 por las malas condiciones del techo, la Consejería de Educación y Deporte de la Junta de Andalucía, a través de la sociedad Deporte Andaluz, que es la encargada de la gestión del recinto, ha reconocido que no puede afrontar los 16 millones de euros que cuesta su reparación. El nuevo Gobierno andaluz se ha encontrado con una situación muy delicada ante la que han comenzado a trabajar para solventarla lo antes posible junto al Gobierno Central, la Diputación y el Ayuntamiento de Sevilla.

Según las últimas informaciones, “se están manteniendo reuniones con empresas multinacionales de la gestión de recintos deportivos, y de enorme peso en el panorama internacional, para negociar la posibilidad de hacerse con las riendas del estadio cartujano y poder sacarle el rendimiento necesario e incluso beneficios organizando eventos de toda índole”. El planteamiento del Gobierno andaluz es que el hipotético acuerdo incluya el arreglo de la cubierta, del que se haría cargo el nuevo operador incluyendo las cantidades de esa reforma en el contrato final. La compañía que se haga con la gestión tendrá también que costear el arreglo de los techos, o al menos buena parte de los mismos, a tenor de la idea con la que está trabajando Educación y Deporte.

Sin embargo, como afirma María José Guzmán en Diario de Sevilla, “en la Cartuja haría falta un borrón y cuenta nueva en muchos aspectos. Es difícil que un promotor apueste si el estadio no se acompaña de una oferta comercial anexa que permita rentabilizar las inversiones. Otro centro comercial en una capital donde empieza a vislumbrarse ya una burbuja de las grandes superficies comerciales. Y todo esto empaña el panorama un poco más”.