Las cosas del Rector


Reproduzco una parte del discurso del rector de la Universidad de Sevilla, Joaquín Luque, en el acto de investidura como doctor Honoris Causa a Umberto Eco. » Es cierto que no hemos sido los primeros en reconocer los méritos de nuestro nuevo doctor. Pero en esta ciudad, amable que no lógica, enamorable que no perfecta, es prácticamente imposible ser originales. El cardenal Amigo Vallejo, que hace poco se ha jubilado como Arzobispo de Sevilla, suele recordar lo difícil que resulta ser el primero en Sevilla en cualquier parcela de la vida. Además, en Sevilla el tiempo es un concepto aún más relativo que en el resto del universo, como posiblemente lo sea en el Reino de Redonda, de cuya grandeza nuestro nuevo doctor forma parte. Ser Duque de la Isla del Día de Antes facilita entender que en esta ciudad se paren las manecillas del reloj, a veces en el esplendor poético de la Real Maestranza y, en ocasiones, en la triste mezquindad de la falta de horizontes. Pero sí, admirado Umberto, esta es la ciudad donde el niño de Cernuda, mientras contempla la luna llena de Semana Santa, descubre el tiempo sin tiempo… Reconozco que he soñado que en nuestra ciudad, en esta Sevilla de luces y apagones, donde se paralizan bibliotecas porque algunos no la valoran como bien público, aterrizaban Guillermo de Baskerville y Adso de Melk para desentrañar la resistencia al futuro de una parte de su sociedad. En la Universidad de Sevilla seguimos amando los libros y creyendo en las bibliotecas».
Para leer el discurso completo del rector, pulse aquí.  (pdf)
Si quiere leer el discurso completo de Umberto Eco, pulse aquí. (pdf)

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4 Comentarios

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    Teresa
    21 febrero, 2010
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    Me parece que son los rectores los que no valoran los jardines como bien público y tergiversan a su conveniencia los argumentos de los que se oponen a ella, que intentaron en vano ser recibidos. Si la hubiera ubicado en un lugar más razonable seguro que no habría habido ningún problema. También en una entrevista sobre la normativa de exámenes ha declarado que se le está haciendo mucho daño a la universidad, como si él no tuviera que ver con el asunto. Y en cuanto a Cernuda si de verdad lo ha leído sabrá de su amor por los árboles.

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    m. fernando bernabe mendez
    23 febrero, 2010
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    Estimo que Teresa acierta de pleno cuando afirma que el Sr. Rector tergiversó en su discurso el argumento de los que se oponen a la Biblioteca en terrenos de unos Jardines Públicos financiados con Fondos Europeos: seguro que el Sr.Eco y el Sr. Cernuda estarían en contra de su ubicación (que de no de su construcción, faltaría más) si realmente se les hubiera informado con objetividad de la postura de los Ciudadanos que están en contra. Por cierto que hubiera sido interesante que el Sr. Rector hubiese inquirido al Sr. Eco que ordenara a Guillermo de Baskerville y Adso de Melk desentrañasen los intereses ocultos que deben existir para ubicar una Biblioteca destruyéndo decenas de árboles junto a un edificio que ya no tiene prácticamente alumnos (solo Funcionarios administrativos y Cofrades ocupándo varias dependencias del Rectorado) cuando el sitio lógico sería junto a uno de los nuevos Complejos universitarios (p.e.: Enramadilla, Cartuja, Reina Mercedes). En fin Sr. Rector permitáme la licencia: ¿es posible que quienes «paralizan las mencillas del reloj» de esta Ciudad sean esos Grupos de presión inconfesables con intereses no declarados pero dirigidos a «la triste mezquindad de sus horizontes privados»?

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    antonio donaire
    10 junio, 2010
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    De acuerdo con ambos en cuanto a los jardines. Sin embrago, para mi, más grave que la falta de respeto a los jardines, es la falta de respeto a la Ley. Si el planeamiento urbanístico califica unos terrenos para un uso (en este caso jardines) no se puede alterar ese uso si no es por los cauces que establece la Ley.
    En este caso, por fortuna, los tribunales han acertado. Al menos por ahora.

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    José Ignacio
    2 octubre, 2010
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    Por favor, no pongan tantas mayúsculas innecesarias e incorrectas: «Rector» (los cargos son en minúscula siempre, salvo el Rey, una excepción ridícula), «Ciudadanos», «Ley» (en ésta quizá cabe, según), «Fondos Europeos», «Biblioteca», «Jardines Públicos»… no sólo hay que respetar los árboles, sino también el lenguaje, demasiado hiperbólico. Se dice lo mismo con más finura sion tanto grito en forma de letra capital.

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