Nacido en las Tres Mil Viviendas y criado en el Cerro del Águila, el bailarín sevillano Rubén Olmo (1980) acaba de tomar posesión de su nuevo cargo como director del Ballet Nacional de España, para el que fue elegido por sus méritos. Es el segundo sevillano que lo dirige. El primero fue Antonio Ruiz Soler, que en 1980 sustituyó a Antonio Gades. Para su proyecto al frente de la compañía nacional, se ha fijado dos objetivos. Por un lado, preservar y difundir el patrimonio dancístico español, abriéndolo a su vez a las vanguardias de la danza y a las nuevas tendencias dentro del flamenco. Por otro, aumentar la proyección internacional y el reconocimiento del Ballet Nacional de España por todo el mundo.

Un ejemplo de superación y valores educativos

Desde sus humildes orígenes, la brillante trayectoria profesional de este “obrero” de la danza, como él mismo se define, es una historia de superación. La de un niño que con 3 años prefería bailar a darle patadas a un balón. En esta entrevista de María Jesús Pereira para Abc, Rubén Olmo recuerda cómo su madre tuvo que “limpiar muchas escaleras para pagar la carrera de un bailarín. Las botas y las zapatillas son caras; no te puedes quedar sólo con la carrera y necesitas dar cursillos y master class con los grandes maestros. Tengo a mis padres en un pedestal porque han vivido para que yo pudiera formarme como bailarín”.

De esta manera, a pesar de las dificultades y gracias al apoyo de sus padres, Rubén Olmo ingresa a los nueve años en el Conservatorio de Sevilla, donde se licenció Danza Española. A los catorce años, ingresa en la Compañía Andaluza de Danza, dirigida por aquel entonces por María Pagés. Su debut artístico le llegó a los dieciséis, de la mano de Javier Barón en ‘El pájaro negro’. Y con dieciocho entró en el Ballet Nacional de España interpretando papeles principales en montajes como ‘Luz del alma’ o ‘La Celestina.’ Ya en el 2002 dejó el Ballet Nacional para formar parte de la compañía de Eva Yerbabuena.

En 2002, creó la Compañía de Danza Rubén Olmo, en la que trabajaban 14 bailarines, con los que estrenó los montajes ‘Belmonte, la danza hecha toreo’ (2006) y ‘Tranquilo alboroto’ (2010). A pesar del éxito se arruinó porque la persona encargada de la parte económica perdió todo su dinero: “Tenía tanta ilusión y tantas ganas de bailar que todos esos temas del dinero se me escapaban. Me quedé muy tocado pero un día Antonio Gades me dijo: ‘eso nos pasa a todos; tienes dos piernas muy fuertes y eres muy joven’ y eso me trastocó por completo”.

De 2011 a septiembre de 2013 fue director del Ballet Flamenco de Andalucía. También ha compaginado su trabajo como maestro en el Centro Andaluz de Danza con montajes escénicos como ‘El Amor Brujo’ con el Ballet Víctor Ullate-Comunidad de Madrid o las producciones ‘La Tentación de Poe’ u ‘Horas contigo’. En 2015 fue reconocido con el Premio Nacional de Danza en la modalidad de Interpretación. Este año ha recibido el Premio de la Crítica del XXIII Festival de Jerez.