Sevilla, líder internacional en la creación de robots aéreos


«Con 75 investigadores de Sevilla ganamos en Europa a competidores 10 veces mayores«, asegura el Catedrático de Ingeniería de Sistemas y Automática Aníbal Ollero a Juan Luis Pavón, socio de Iniciativa Sevilla Abierta, en esta entrevista para El Correo de Andalucía que recuperamos en nuestra web. Foto: Euronews.

Sevilla es líder internacional en la creación de robots aéreos por su pionera labor desde hace más de 20 años. Acaba de lograr por sexta vez que la Comisión Europea seleccione uno de sus proyectos de investigación, Aeroarms, para el que dispondrá de 5,700.000 euros.

Su agenda es un mapamundi. Nos recibe tras estar en Chicago, París y Zagreb. Su curriculum es extraordinario: 440 publicaciones, 110 proyectos de investigación y desarrollo, 13 premios nacionales e internacionales,… Desde la Universidad de Sevilla, y para Andalucía como asesor científico del Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales (Catec), es un pilar clave para la generación de conocimiento y empleo en un área que ha desarrollado paso a paso. El canal televisivo Euronews envió hace escasas fechas a Sevilla a un equipo para divulgar sus robots aéreos en acción.

Aníbal Ollero nació en Sevilla hace 61 años. Vecino de Heliópolis tanto en su infancia como en la actualidad. Hijo de juez y pintora, con varios pilotos de avión en su familia, desde pequeño se sintió atraído (e iniciado) por los aviones, los sistemas de vuelo y los aparatos de radiocontrol. «Todo confluyó para dedicarme a la tecnología robótica y aplicarla a la fabricación aeronáutica«.

Lo que parecía ciencia ficción de cine ahora ya es realidad de telediario.
A comienzos de los años 90, me marcó mi periodo en el puntero Instituto de Robótica de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh (EEUU). Estuve trabajando allí en robótica para la exploración espacial. Ahora se comercializan máquinas fruto de ideas que intentábamos llevar a la práctica hace 20 años, cuando solo se hablaba de drones para fines militares.

¿Cuántos proyectos europeos de investigación ha liderado desde Sevilla?
Cinco. Y ahora, teniendo el quinto en marcha, Arcas, con un presupuesto de más de 6 millones de euros, comenzamos a la vez a desarrollar el sexto,  porque, dentro del programa Horizon 2020, acabamos de ganar hace muy pocos días la última convocatoria con el proyecto Aeroarms. Dotado con 5.700.000 euros, tiene 4 años de duración a partir de 2015 y, además de la Universidad de Sevilla, coordinamos dentro del equipo de investigación y desarrollo a nueve socios, entre ellos centros científicos tan potentes como el CNRS de Francia o el DLR alemán, y empresas fuertes como la alemana TUV Nord y la suiza Alstom. Es un esfuerzo enorme de coordinación.

¿Cómo se dirime la rivalidad para ganar esas convocatorias de la Comisión Europea?
La competencia es cada vez mayor. Esta vez han elegido 8 proyectos de 150 presentados. Nos han valorado con 14,5 puntos sobre un máximo de 15. Es para estar orgulloso. Y siempre son aspirantes los mejores y más poderosos, como el DLR, que es el centro alemán de tecnología aerospacial y tiene miles de investigadores. En España hay buenos grupos de investigación, pero son pocos y atomizados. El que yo coordino en la Escuela de Ingenieros es multidisciplinar y suma 75 personas. Y aun así estamos superando a otros centros europeos con diez veces más medios humanos y materiales, además de verse favorecidos por su mejor posicionamiento fáctico en el continente.

¿Las empresas aeronáuticas son más proclives a vincularse a la investigación que emana de la Universidad?
Sí, nos apoyan cada vez más. Grandes y pequeñas. No tendría sentido acometer desde Sevilla proyectos de fabricación aeronáutica si, por ejemplo, no lo acordáramos con Airbus. Casi todos han sido exitosos, y la consecuencia es que las empresas contraten a nuestros mejores investigadores y los ‘perdamos’. Hay que aceptarlo, es parte de la misión de la Universidad, formar para que ‘vuelen’.

¿Sus alumnos piensan que solo hay futuro profesional fuera de España?
Es lo que considera la mayoría por influencia familiar y social, pero en este ámbito de la aeronáutica no es cierto. Aquí hay oportunidades y buena retribución salarial.

¿En qué consiste el proyecto Aeroarms?
Es una evolución aún mayor respecto al Arcas que estamos ahora desarrollando. Para dotar de más brazos articulados a esos aparatos y que sean capaces de interacción directa con el entorno. Planteamos como ejemplo base su aplicación en la industria petroquímica, en lugares casi inaccesibles o de gran peligrosidad, como tuberías de gran altura. El objetivo es situarlos allí, mantenerlos, y, mientras se sujetan con unos brazos, que con los otros inspeccionen, instalen sensores, o reparen tuberías, etc., Y hacer llegar al mismo lugar otro robot y que les cambie la batería para que continúen la operativa. O volver a rellenarles los depósitos de líquidos que les permiten hacer análisis de ultrasonidos a modo de ecografía de grandes tanques industriales, para comprobar si tienen grietas o desgaste excesivo de sus materiales.

Se avizora un boom profesional y empresarial en este campo.
Está emergiendo. El próximo día 28 comenzará a impartirse en la UNIA (Cartuja) un máster que coordino sobre sistemas aéreos no tripulados. Durará más de un año. Con un enfoque muy práctico, para que los alumnos sean capaces de construir prototipos y de hacerlos volar. La de piloto de aeronaves no tripuladas es una nueva profesión. Hay dos vías claras de usos y servicios. Por ejemplo, un cuerpo de bomberos que los adquiera y adiestre a algunos para que los sepan manejar. O subcontratar a empresas que se especialicen en labores muy concretas de apoyo a servicios de emergencia, de seguridad, de control de industrias…

¿Algún ejemplo a tener en cuenta?
La empresa DHL, desde hace dos semanas, ya utiliza en Alemania pequeños microdrones para distribuir a diario medicamentos y pequeños paquetes entre la isla de Juist y la ciudad costera de Norden. La distancia es de 12 kilómetros. Vuelan tanto de día como de noche. Es un paso adelante en la gestión de vuelos fuera del campo de visión del piloto o controlador aéreo.

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