Las últimas noticias aparecidas en la prensa no hacen más que agravar la sensación de que Canal Sur ha fracasado escandalosamente como medio de comunicación al servicio de la ciudadanía. Recientemente se ha conocido la destitución de uno de sus altos directivos, Antonio Ramírez, por sus relaciones con Luis Pineda, que se encuentra ahora en prisión. Estas relaciones, de ser probadas, habrían puesto la televisión andaluza al servicio de los intereses de una entidad tan poco edificante como Ausbanc.

Para tener más datos sobre el fracaso de la RTVA a todos los niveles (presupuestario, de audiencias, de calidad, de contenidos, de función social, etc.), reflejamos a continuación dos análisis publicados juntos en Diario de Sevilla por Francisco Andrés Gallardo, periodista experto en la gestión de las cadenas de televisión:

La RTVA, fundido en negro

La situación de interinidad de Canal Sur se agrava con la destitución de Antonio Ramírez por los contratos con Ausbanc de programas que no llegaron al consejo de administración.

Antonio Ramírez, directivo desde que fue contratado en 1989, personificaba el control del Gobierno de la Junta de Andalucía sobre Canal Sur (en los informativos y en los engranajes de su gestión). Su figura crecía mientras se agudizaba la crisis (económica, institucional, de audiencia) en la corporación. Cuanto peor se presentaba el panorama a la RTVA, mejor parecía la posición de aquel director territorial de Jaén que el consejero Gaspar Zarrías llevó a la sede central de San Juan. Ramírez era los ojos y también los presentimientos. Con su marcha queda en el aire el futuro de la casa, no porque se haya ido, sino porque ha sido un torpedo en todo el centro de la credibilidad empresarial y mediática de una empresa pública que les cuesta a los andaluces 112 millones anuales de transferencia y otros 25 millones de fondo social. En la cúpula queda un subdirector interino, de parche, y un consejo de administración que no ha sido renovado y que no representa la actual distribución parlamentaria. El aplazamiento sobre el problema del presente y futuro de Canal Sur para la presidenta Susana Díaz se apura porque es la gestión de la RTVA la que se ha colocado en el gancho de la picota.

Fue el vicepresidente Manuel Jiménez Barrios el que a primera hora del 20 de mayo ordenó al director general interino, Joaquín Durán, que destituyera al director de Estrategias, a quien había sido el hombre fuerte, el nombre absoluto, en el organigrama de la RTVA. Sí, era uno de los directivos que cobraba más que Susana Díaz, pero se suponía que se lo ganaba a pulso con sus servicios. Pocos dentro de la casa hubieran sospechado de la deslealtad que se desprenden de las escuchas del caso Ausbanc, del entramado de Luis Pineda, que acordó facturar 5.000 euros en el restaurante Casa Salva, que regenta la esposa de Ramírez, por la contratación de dos series de programas emitidos en Canal Sur. Ramírez, el hombre siempre ocupado, había convertido en oficina informal el local del centro de Sevilla. Allí iban a verle a la hora de comer productores y trabajadores de la casa. Era el mejor momento para intercambiar impresiones o negociar. Y Pineda, en su caso, también pedía la redacción de elevadas facturas.

Fueron, según esas escuchas recibidas por el juez Pedraz, 2.500 euros por El club de la vida buena, musical emitido de madrugada el pasado agosto; y otros 2.500 por Virgen Extra, el oro de Andalucía, tres documentales ofrecidos los sábados por la mañana en febrero. No tuvieron apenas audiencia, menos del 3% en una cadena que apenas anota un 8,4%, como podía prever una estrategia de programación a primera vista cruel. Eran ubicaciones interesadas para que ambos proyectos apenas sumaran seguidores, a cambio de los 135.000 euros que en total facturó Agroeditora S.L., empresa de Pineda, por esos contenidos. Durán se empeñó en su última comparecencia parlamentaria en negar que fueran programas encargados a Pineda: otro detalle que deja en evidencia, por dejación o por actuación, al propio Durán en este caso. El comité de antena, donde aún estaba la actual directora de la TV de Castilla-La Mancha, autorizó ambos espacios. Los sindicatos llevan meses quejándose de la gestión “oscurantista” de Durán, en contrataciones o en proyectos como el plan estratégico y la fusión de la plantilla.

La decepción y las sospechas sobre las contrataciones con Ausbanc se agravaron cuando el consejero de IU, Juan de Dios Villanueva, recordó que ambos contenidos no fueron presentados ante el consejo de administración, tal como se protestó ante Durán en la reunión del pasado lunes. Un consejo que sale a unos 100.000 euros por cada uno de los diez consejeros y que parecía más o menos domado por una cintura política en la que se ha bregado Durán durante los últimos siete años, entre la dirección de la radio (donde fue apartado por el último director general nombrado, Pablo Carrasco) y la interinidad al frente de la corporación, desde que Carrasco se marchara presiones en marzo de 2013. Era una subdirección tan provisional que ya se aventuraba eterna. La ley audiovisual andaluza exige tres quintos de la representación parlamentaria para confirmar a un director general, consenso improbable tanto en la anterior como en la actual legislatura. Un cambio en la ley sería la solución prioritaria, aunque no se asuma con urgencia, mientras una renovación en el consejo supondría un obligado entendimiento con los consejeros de IU y Podemos; o apelar a un papel de responsabilidad a Ciudadanos y PP. Con un nuevo consejo ya no es tan fácil aprobar la programación o los presupuestos, con la cómoda mayoría del PSOE que gozaron Durán y su complemento, Ramírez.

Ambos directivos mantenían un pulso por la supremacía, pero la incertidumbre y los problemas (la huelga de intérpretes de signos, la pifia de las campanadas, la fusión de la plantilla de radio y TV) los fueron aliando. Los contenidos, la razón de ser de una cadena de radiotelevisión, sin embargo a lo largo de estos tres años, ha sido el mayor problema por la desafección del público que del 25% que sumaban los dos canales en 2007 se ha pasado en menos de dos años al 8,8% entre Canal Sur (8,4% anotó en abril; 8,1% en marzo, y el invento invisible de Andalucía TV, 0,4%). Ambos directivos no mantenían encendidas simpatías entre ellos, pero por supervivencia se toleraron en el aislamiento que vivieron en la cumbre.

El comité intercentros, donde se integran todos los sindicatos (UGT, SPA, CGT, CSIF y CCOO), muestra paciencia y cautela con los últimos episodios, aunque el secretario general de CCOO en la RTVA, Pedro Corriente, cree que no hay mucho más que justificar y exige la dimisión inmediata también de Durán. Sobre el “oscurantismo” que denuncia de la labor de Durán y Ramírez coloca como baluarte el proceso de fusión entre las plantilla de radio y televisión, o “convergencia”, como finalmente lo denominaban, con un documento resumido cuyas explicaciones no satisfacen. Esta recomendación del plan estratégico orienta a convertir en un mismo equipo la redacción de la radio (282 empleados) y de la televisión (945).

En materias periodísticas, como la elaboración de piezas, es más factible, sin embargo cuando se trata de convertir un cámara en un polivalente trabajador de radio, sindicatos como CCOO observan que es un calculado despropósito. Corriente advierte de las malas condiciones laborales, creciente en los centros territoriales ante esta “convergencia”. Sobre los convenios, los sindicatos detectan que no se cumplen dada la precariedad e indefensión de muchos redactores. La plantilla de 1.400 trabajadores ha ido encarando el recorte de salarios y eliminación de pluses y extras para desterrar la sombra de un ERE como los vividos en TVE, Telemadrid, TV3 o la valenciana Canal Nou (cerrada y en proceso de reapertura, porque cuesta más parada que andando). La plantilla supone unos 84 millones anuales, pero la contención presupuestaria se ha abordado sobre todo a través del eslabón más débil, las productoras, y ni aún así, con la baja facturación publicitaria (unos 18 millones anuales cuando se preveían estos años en torno a 30), se han evitado cada año números rojos.

Ramírez se ha marchado, pero deja la convergencia en marcha. “Lo peor de la fusión es la sensación de que están desmontando a trozos la RTVA para que haga el derribo el que venga detrás”, alerta Corriente. La RTVA, con un modelo de empresa anquilosado, concebido en 1988, con una gestión deficitaria, con una programación con la que una mayoría de la población no se identifica, está al borde del precipicio. El futuro, por el contexto político, no pinta mejor.

 

Coros y danzas, la más pura televisión en blanco y negro

Canal Sur destina cada noche de media 35.000 euros para una programación caduca.

Canal Sur Televisión es vista por el 8,5% de una audiencia dispersada, una población que en 1989 recibía con toda la ilusión un tercer canal y que 27 años después tiene un universo entre la TDT, las plataformas y los contenidos grabados. La repercusión que podía antes tener un canal autonómico no puede ser similar en estos tiempos. Aunque la cadena andaluza, con vocación de proximidad, ha vivido años felices, cuando incluso cualquier déficit se sufragaba con generosidad por parte de la Junta (antes de 2008), en estos momentos no llega al 9% la audiencia que sigue los programas de la RTVA. Los andaluces no se reconocen en una pantalla cuajada de copla, pueblos, aroma rústico complaciente que dibujan un peligroso contraste con el resto de la oferta televisiva.

Tanto tiempo después de su fundación, necesaria para la vertebración territorial y formando parte de la vida cotidiana de la población aunque sin la fuerza de pocos años atrás, Canal Sur sigue con sus viejos defectos y vicios, con una plantilla desproporcionada (garantizada por el contrato-programa rubricado por el Gobierno de la Junta) y una programación estelar en manos de las productoras, una externalización precaria no sólo en lo económico sino también en los contenidos.

Antonio Ramírez, tras el fiasco de la inoperante Carmen Amores (ahora directora general de la televisión manchega) y Joaquín Durán han creado una parrilla a su imagen y semejanza que a una gran mayoría de andaluces no les gusta, con datos que rondan menos de ese 8% de media, cayendo a ridículos del 3% ó 4%, impensable en la pasada década.

Cada prime time cuesta de media unos 35.000 euros, según informó Durán en el Parlamento, más otro tanto el resto de la parrilla. Una cifra que ahora delata el alto precio de 15.000 euros para un programa de madrugada como El club de la vida buena, y los 25.000 de cada uno de sus documentales sobre el aceite de Ausbanc. Las ideas caducas, propias de una televisión en blanco y negro, predominan en esta parrilla de entretenimiento, remedo de los coros y danzas con los que se inauguró TVE en 1956. Lo último ha sido AD Fiesta, reportajes de las fiestas en los pueblos, pese a que también tenemos Éste es mi pueblo y La mañana de Ana era un monográfico sobre pueblos hasta hace pocos días. Esta extensión del abanico rural de Andalucía Directo está producida por ADM, donde está un ex director de Canal Sur Televisión, Ricardo Llorca.

La productora Happy Ending (irónico nombre), formada por otros ex directivos de la casa, es la que más encargos ha recibido en esta etapa, como Los descendientes, con el regreso de Toñi Moreno, y que pasó de largo por las noches del pasado verano, recibiendo con sorpresa propia y extraña un premio Ondas (Durán ha mantenido siempre una excelente relación con Radio Barcelona, donde trabajó); o El legado, homenaje retrospectivo a fallecidos artistas y figuras como Raphael o Chiquito, a cargo de Enrique Romero (Toros para todos). Happy Ending también trabaja con Mediapro para el reality de obesos, La báscula, y uno de los socios, Pepe Flores, ex director de producción ajena, también produce 75 Minutos, reportajes sociales que han ido derivando en el folclorismo y más costumbrismo rural. Los otros socios son José Miguel Fernández Cuadrado, Lepo, ex director de producción, y Francisco Romacho, ex subdirector general. Ahora preparan un reality viajero Objetivo Chimborazo. Los próximos estrenos de la casa son Yo soy del Sur, talent sobre sevillanas con María del Monte, y Fenómeno fan, talentinfantil que entra en el estilo del veterano Menuda noche, de ZZJ, productora de tinte conservador donde trabajaba Pablo Carrasco antes de ser llamado por Manuel Chaves para que fuera director general. Carrasco mimó especialmente a la productora de Manu Sánchez, 16 Escalones. Sus reportajes personalistas (girando hacia el costumbrismo), Vuelta y vuelta, han estado muy por debajo de la media de la cadena.

Un debate de actualidad, ¿Y tú que opinas?, producido por Medina Media, de Ricardo Medina, acabó siendo protagonizado por personajes como El Lute. Tenemos la inversión estrella, Se llama copla, del productor Antonio Jiménez Filpo, bajo la marca Green Light, tras muchos quebraderos económicos. Y la gran estrella, Juan y Medio, y su propia productora Índalo y Media. La tarde, aquí y ahora, es un hábito para la audiencia mayoritaria de Canal Sur: mayores de 65 años de entorno rural.

En esta temporada se ha vuelto a probar suerte con la ficción, para rejuvenecer los datos de seguidores, Brigada de fenómenos, basada en las novelas costumbristas de humor de Rancio Sevillano, recibida con frialdad por la audiencia. El humor se insiste con Ofú, de Tomás Summers, creador de Saque bola; tras persistir con las bromas de El gran queo, de ZZJ. El único programa de producción propia en las noches de Canal Sur es Los reporteros. Muchos otros contenidos de obligado cumplimiento, de productoras menores, se pierden a deshoras por la parrilla o por Andalucía TV, que no viene a recuperar ni de lejos la audiencia que tenía una marca consolidada como Canal Sur 2, clausurado en 2012 y cuya señal se utiliza para la emisión de los intérpretes de signos, que estuvieron en huelga durante más de dos meses protestando por unos sueldos por debajo de los 700 euros mensuales. Los Servicios Informativos engrosan más de 30 millones anuales de personal, con unos noticiarios que han bajado en audiencia aunque estén por encima de la media.

Una parrilla alejada en años respecto a la realidad de Andalucía, que no contacta con el público de las ciudades, complaciente con lo institucional y que para rebañar audiencia cae aún más en las celebraciones festivas como el inacabable Carnaval de Cádiz o la cobertura desproporcionada del Rocío.