No es la primera vez que traemos a nuestra página web, por diversas razones, datos alarmantes sobre la pérdida de población en Sevilla capital que, a tenor de los últimos datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística, incluso se intensifica. Mientras tanto, la población sí crece en municipios aledaños.

Los datos más actualizados que ofrece el INE sobre la población y sus características, en cualquier capital española, están disponibles para consulta en este enlace, donde pueden buscarse directamente los de Sevilla.

En relación con este asunto, nos parece interesante compartir esta información de El Correo de Andalucia sobre las consecuencias que supone esa pérdida de población, que además incluye el testimonio del presidente de ISA, Eliseo Monsalvete:

Una ciudad menos atractiva

FRANCISCO GARCÍA PAÑOS / SEVILLA / 02 ENE 2017 / 20:30 H – ACTUALIZADO: 02 ENE 2017 / 23:40 H.

¿Por qué el hecho de que Sevilla haya perdido 3.312 habitantes entre enero de 2015 y enero de 2016 –el último dato oficial– tendría que preocuparle a nadie?

Sevilla se despidió de la simbólica cifra de 700.000 habitantes en el mismo momento en el que se publicó el BOE del 22 de diciembre de 2014, fecha en la que Juan Ignacio Zoido ocupaba la Alcaldía. Como esa cantidad había dejado de ser el límite para ser considerada gran ciudad, perdió importancia, o así lo hicieron ver las autoridades municipales. Sevilla es «la mejor ciudad del mundo y la capital más poblada de Andalucía con mucha diferencia», destacó el actual ministro del Interior, que resaltó que, efectivamente, «no pierde su condición de gran capital; sólo perdemos dos concejales, ya está». Años después, según la cifra del 1 de enero de 2016 que se dio a conocer el 21 de diciembre del mes pasado, Sevilla capital cuenta con 690.566 habitantes. Cada vez un poquito más lejos de esa cifra, más o menos importante pero indiscutiblemente simbólica, de 700.000 habitantes.

Las consecuencias de esta caída, más allá del debate político, son dos. La primera: la caída del padrón supuso en la fecha en la que se bajó de los 700.000 vecinos un descenso en el número de concejales de la corporación municipal, que pasó de 33 a 31 ediles. No hay constancia de que ningún sevillano de a pie haya perdido el sueño.

La segunda consecuencia, y la más importante, es la rebaja, considerable, en los tributos que la ciudad recibe del Estado y de la administración autonómica.

Entre 2010 y 2015, Sevilla ya había perdido 10.000 habitantes. Tenía entonces 693.878 censados, una cifra tan baja que, para encontrar un valor inferior, había que mirar al año, tan simbólico, de 1992. En aquella fecha, la ciudad tenía 683.028 inscritos en el padrón.

El caso es que, más allá de las dos repercusiones concretas, en Sevilla estas cuestiones relacionadas con la caída mantenida de la población generan debate, quizá por la facilidad que los números proporcionan a la hora de comparar, y seguro que también porque, ademas de cifras, los datos del padrón pueden interpretarse también como síntomas a partir de los cuales analizar la ciudad y a sus gentes.

A ello se aplicaron a finales del año pasado en la Iniciativa Sevilla Abierta (ISA), que eligió como título para su participación en la Noche en blanco 2016, que tuvo lugar el 7 de octubre, el de «Europa y sus valores, ¿qué significan para los ciudadanos?». En aquella fecha, además de presentar testimonios de europeos que viven en Sevilla, mostraron también opiniones de sevillanos que, por distintos motivos, han decidido vivir en el extranjero.

El presidente del colectivo, Eliseo Monsalvete, reflexionó entonces sobre la caída de población de Sevilla, que calificó como «significativa». Entre sus consecuencias, Monsalvete destacó que, «fundamentalmente, la ciudad deja de ser un foco de atracción de gente, que no la ve como un lugar donde desarrollar su proyecto y tiene que irse. Hace que sea una ciudad muy poco atractiva para llevar a cabo un proyecto de vida», reiteró. Este hecho está, opinó, «directamente relacionado con la situación económica de Sevilla. No es un lugar donde haya un movimiento económico importante como para que personas con formación, pero sobre todo con ganas de labrarse un futuro, encuentren un camino».

Una de las hipótesis que justifica la pérdida de población tiene que ver precisamente con uno de los aspectos que comentan en ISA: la marcha de jóvenes con estudios superiores que buscan un futuro mejor fuera de su ciudad. Otra, igualmente cierta, es la marcha de la población inmigrante, ayuna de las oportunidades que esperaba encontrar en Sevilla. Síntomas ambos aspectos de que algo no marcha como debería.

Sevilla ha llegado a los cuarenta años. Y, pese a estar entre los territorios más jóvenes del país –excluyendo a Murcia, Almería y las dos ciudades autónomas– la realidad de las cifras del padrón son inamovibles: la provincia y la capital no solo pierden población, sino que los que se quedan son más viejos. El padrón continuo del Instituto Nacional de Estadística (INE) certificó hace un año que la media de edad de la población sobrepasaba por primera vez la barrera de los cuarenta. En concreto, es de 40,1 años, tres décimas más que hace un año (39,8); casi un año más que hace tres.

Fotografía: un grupo de mujeres mayores conversa en el banco de un parque mientras otras personas pasean delante de ellas / El Correo de Andalucía.